Jaime A. Porcell Alemán japorcell@yahoo.com.mx Sobre el legado andaluz de romanticismo y cante, se erige este país de grandes serenatas. Anécdotas hay a lo largo y ancho, ignoradas por la propias serenateadas. Desde baldazos de agua hasta nocturnales mandadas al diablo, que rara vez amilanan al pretendiente genuino. No faltan perros que acompañen las guitarras con aullidos, despistados que canten en ventanas equivocadas o la dediquen a una esquiva quien pernoctó lejos, incluso unos que tropiezan al novio oficial a la salida.
La serenata exige un corazón enamorado a morir que, en su fervor, cargue con guitarristas reuniéndolos en informal práctica en el parque. Hasta las autoridades, custodias del silencio rotundo y ordenado de la noche, toleran aquel delicioso desorden sonoro que generan guitarras y voces, más alguno que otro personaje colado, siempre al filo de la madrugada.
Toda serenata seria requiere de un dedicador. Y si ella y su familia entienden de letras, más te vale que muestre oficio. Pero nunca falta otro personaje, tan limpio como destemplado: el manzanillo. Concentra las funciones de equivocar trago, buscar hielo demorándose horas con el carro prestado, manosear guitarras ajenas soñándose artista, pero sobre todo, meter la pata.
Seleccionar repertorio semeja armar rompecabezas. El cancionero resulta amplísimo, pero requieres rebuscar la pieza que ensamble con la ocasión. El programa no será igual para quien pretende el sí, como para el que se lo niegan. Si ruegas perdón, cae como anillo al dedo Perdón, de Pedro Flórez, o Perdóname, de Manzanero. Si se nos va de viaje, La barca, de Cantoral. Si el asunto es reiterar amor, Reloj o Solamente una vez. Hasta si la relación termina, Nosotros , de Pedro Junco, Llévatela y No, de Manzanero para despechados, o Para decir adiós. Si te sientes osado, dispara Y cómo es él, del español Perales.
La primera canción al pie de la ventana, alegre y bulliciosa, lleva la obligación de despertar a un vecindario que al otro día arderá en comentarios. Pero más vale que la damisela despierte con las primeras notas, porque el programa breve y de dulce mensaje nunca incluirá más de cinco números. Igual que todo lo bueno, no debe trasegarse en demasía porque satura.
Quizás el momento más delicado del acto es el broche de oro de la dedicatoria. Algunas bellas serenatas, por dedicatorias desaliñadas, merecieron amores inconclusos. Relaciones que pudieron florecer, las marchitó un cierre inexacto o pasado en cursilería.
La dedicatoria reclama a un especialista, un matemático de los sentimientos que, con la medida exacta, ni muy pasada en azúcar pero tampoco insípida, añada el justo dulce al remate final. Exige de un medio poeta que con sólo palabras, termine de vencerla. El enamorado perspicaz lo escoge con fruición, y hace que en la práctica goce de atenciones parejas a las de músicos.
En el sublime momento de la dedicatoria, quedos acordes llevan navegando las palabras del medio poeta a cruzar el espacio desde la inspirada garganta, hasta la ventana. Guitarristas y enamorado evitan movimientos en falso o respiraciones demasiado rotundas. Intuyen que el telón de la noche desliza el acto final. Es ese y no otro, el momento preciso escogido por el manzanillo para hacer escuchar el chorro que excreta su riñón. Pero ni siquiera el indiscreto chapoteo desconcentra al dedicador de casta, mientras todos ruegan que haya pasado inadvertido. Mas si ella asoma sonriente y demasiado acicalada, deducimos que la serenata no tuvo efecto sorpresa.
Ni el mete-pata tiene culpa de que las serenatas se batan en retirada. Hoy la dama pernocta encerrada en altos condominios. El galán crece enchufado a estridencias de rock y reggae, nunca a requiebros del alma con cadencias de bolero. Pretensiones amorosas y perdones actuales se escurren sin que medie guitarra alguna, sorteando parecer cursis o anticuados remedando a Los Panchos, cuando las guiales transan es por El Rockie. La guial termina invicta al poder de la serenata, porque nadie la pone a prueba aunque sea solamente una vez.
El autor es investigador de mercado
