Cuando un perro no acata una orden que le ha sido transmitida reiteradamente y de una forma clara, según lo creen los humanos que lo rodean, frecuentemente se le denomina terco.
Es habitual en estos casos que las personas estén convencidas de que su can sabe perfectamente lo que se le está pidiendo y, a pesar de esto, no quiere responder a nuestro requerimiento.
Debemos tener en cuenta que para ser terco, en primera instancia hay que conocer la situación y luego mantenerse en una postura de rebeldía.
Para esto, es fundamental el raciocinio complejo y esto no es atributo de los perros.
Generalmente, las personas trasladan su comprensión y mecánica de pensamiento a sus perros, partiendo así de premisas falsas, de las que no se obtendrá ningún resultado.
En lugar de enojarse u otorgarle a su mascota un calificativo propio de la conducta humana, comprenda que en realidad él no sabe lo que está sucediendo y es usted el que está fallando en el método que está aplicando en la enseñanza.
No podemos hablar de perros sensatos ni condescendientes, por lo tanto, tampoco de perros obstinados o testarudos; seguramente, el mecanismo que se está utilizando no motiva a su perro con el estímulo que él necesita para responder.
En este caso, es fundamental tomar otros caminos en nuestra transmisión de la idea y el comando que queremos que realice, hasta que comprenda y asocie lo que le pedimos con la orden con la cual lo hacemos.
Debemos conocer, aunque sea básicamente, cómo es la estructura mental de los perros para luego poder, de acuerdo con la comprensión de ellos, educarlos con los elementos que realmente manejan y no los que nosotros suponemos que manejan.
