Para los humanos, los espectáculos pirotécnicos son atracción festiva que no dejan que nadie pierda la atención apenas detona el primer fuego de artificio. Para las fiestas es bueno, pero un gobierno que usa esto como táctica de distracción, se convierte en acción nefasta para el pueblo al que debe servir. Algunos de estos fuegos estallan cuando se califica a la sociedad civil de querer cogobernar y, para desvirtuarla, se dice que reunió a ciudadanos a los que autodenominó “sociedad civil”.
Otros fuegos son: el caso de la comisión para evaluar a los aspirantes a magistrados que terminó siendo embaucadora; los ex adversarios, a quienes llamaban burros o “huesos viejos” y que hoy están con ellos, incluso, a uno de esos burros lo proponen por encima de consultas y procedimientos; el caso del primo acusado de narcolavador en el que se anuncia que el Presidente lo iría a detener, cuando esa no es su función constitucional, mientras que la Unidad de Análisis Financiero no ha investigado dónde se lavaba; el anuncio de que pondría en cintura los corredores, pero con fondos de la oportunidad de inversión social, con jugosa ganancia para lo que no debe ser; la promesa de bajar la electricidad, la canasta básica, ordenar el transporte, ir al mundial de fútbol y cuanto cohete usted recuerde. Este ha sido el espectáculo pirotécnico de los 15 meses de gobierno. El alcalde ha sido, no sin razón, el mejor fuego de artificio, con la particularidad de ser un fuego “reusable”.
La nueva perla pirotécnica es que “es un hecho” que se eliminará el subsidio electoral para aportar ese fondo al aumento de los pensionados, porque es un “clamor popular”. El entrecomillas lo pone La Prensa el 1 de octubre, diciéndonos que son palabras textuales. Lo cierto es que ese subsidio causa repugnancia a la mayoría de los panameños, porque ha sido manejado de forma contraria a la corrección, sobre todo, por “politicastros” cuestionados por sus corruptelas.
El concepto es correcto; el manejo, cuestionable. Si la pensión alimenticia para los menores se usa indebidamente, ¿se debe eliminar o se debe legislar para que no ocurran distorsiones? El objetivo del subsidio electoral es correcto, busca evitar dueños de partidos, o partidos y sus elegidos controlados por dineros mal habidos. En lugar de eliminarlo hay que controlarlo. Tiene que mejorarse poniendo topes a las donaciones, que deben ser las mínimas posibles, como igual deben ser los topes de los gastos de campaña para cualquier cargo.
En este pueblo, analfabeto político, que cualquier aventurero puede engañar, esa medida es aceptada por ciudadanos poco reflexivos, víctimas de la demagogia populista. Y eso es lo que busca nuestro efímero gobernante, confrontar pueblo contra pueblo; unos pocos lúcidos defendiendo el concepto y la gran mayoría creyendo que es una reivindicación social.
Hay que analizar que si se utiliza para los aumentos, ese subsidio es pan para hoy y hambre para mañana, porque tiene un monto de poco más de 6 millones de dólares por año, mientras que para el aumento a los pensionados se requieren cerca de 100 millones por año, producto de los 50 dólares mensuales para 160 mil pensionados. Ya se aprestan los diputados veletas a promover este nuevo fuego artificial. Y como el circo debe seguir entreteniendo, se informa que el búnker de Ancón no será ya para refugio del Gobierno sino para las instalaciones del Hospital Oncológico; otro cohete, que los médicos especialistas no deben ganar igual que los generales.
Así expresado se trata de otra improvisación, porque en lo del búnker si hace una semana había supuestos argumentos para rehabilitarlo como refugio, ¿de dónde se sacaron los argumentos para pasarlo al Oncológico? Y en lo de los salarios, si el especialista entra en tercera categoría ganando más de 300 dólares sobre el general, que inicia en cuarta categoría, llegando el especialista a primera categoría en seis años, mientras el general lo hace en 10 años ¿Dónde está la igualdad? Oportuno es solicitarle al Presidente y colaboradores que corrijan y dejen de meter la pata, aunque supuestamente no metan la mano. Los gobernantes no son para “pendular” entre metepatas y metemanos, están ahí para dirigir coherentemente un gobierno que dé el máximo de bienestar común.
