ORDENAMIENTO

Planos, permisos, construcciones y otras cosas: Carlos Penna Franco

Hace unos días, en la toma de posesión de la junta directiva de la Cámara Panameña de la Construcción –de la que formo parte– nuestro presidente Roderick McGowen presentó un fogoso discurso en el que dio un pantallazo de los temas en los que se ve inmersa esta industria.

Lo que más caló entre los asistentes y, sobre todo, en las autoridades gubernamentales y los periodistas, fue lo referente a la aprobación de planos y permisos de construcción. McGowen denunció la lentitud con que se manejan los trámites en los diversos ámbitos encargados de estos menesteres, lo que, obviamente, genera estadísticas aterradoras en materia de impuestos que afectan, sobre todo, el desarrollo de la industria sin chimeneas, sin mencionar otras no menos importantes que sufren impactos indirectos por el atraso en eslabones vitales de la cadena de producción de riquezas del país.

En mi opinión, para corregir esto se necesita lograr el consenso de las partes que tienen que ver con la industria de la construcción; que las reglas del juego queden bien establecidas; que cada unidad administrativa gubernamental respete el accionar de las otras, sin inmiscuirse en temas que no son de su competencia, y que el término “discrecionalidad” no tenga cabida, bajo ninguna circunstancia.

Para lograr avances importantes es una tarea imperiosa que los gremios involucrados participen, de forma amplia y constante, y que se mantengan vigilantes en la búsqueda de metas y soluciones para desatar los nudos gordianos que se originan, en su mayoría, por acciones antagónicas de parte y parte, que solo redundan en frustraciones para todos, sin solución de los problemas.

Al final, lo único que se logra es el desgaste y la pérdida de muchos millones por pensar que “mi propuesta es la única que vale” o que “soy el dueño absoluto de la verdad”.

Hay un tema que no puedo pasar por alto y es la revisión del Acuerdo Municipal 116, del 9 de julio de 1996, que data de hace casi 19 años, pero es el documento que rige, mal que bien, la industria. Dicho acuerdo no fue preparado solo por una persona, sino mediante la participación de un conjunto de gremios, y con la ayuda de los concejales.

Este documento nos ha permitido caminar y avanzar en tan importante labor, por eso, espero que si en algún momento las autoridades consideran que hay que reformarlo, elijan la metodología de consulta que permita la participación de todas las partes interesadas y podamos contar con un nuevo documento que traiga tranquilidad a la industria, y para que Panamá siga creciendo como hasta ahora, como un ejemplo de desarrollo para el resto del continente americano.

Aconsejo a todas las instituciones que tienen que ver con el manejo de los trámites de planos, permisos, construcciones y similares, a que unan esfuerzos y se organicen bajo un ente gubernamental que los coordine, y así podamos tener no solo un acuerdo 116, si no un conjunto de acuerdos claros para que las partes involucradas en la industria sepan a qué atenerse, en vez de andar de sobresalto en sobresalto, como sucede ahora, porque cada entidad inventa nuevos requisitos que solo desalientan la inversión y, por ende, deterioran la economía nacional.

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