“Pobre Lugo”, fue el escueto comentario de un embajador ante el “desmonitizado” y casi fenecido Mercosur, refiriéndose a recientes declaraciones del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, en apoyo de sus colegas Evo Morales de Bolivia y Hugo Chávez de Venezuela y de sus afanes de perpetuarse en el poder. A Morales lo comparó con el sudafricano Nelson Mandela y respecto a Venezuela resaltó que lo que importa es el “proceso democrático“ y “las garantías” que se dan para que todos puedan “participar en las mismas condiciones”, restando importancia a la “reelección sin limites” de Chávez. El brasileño pasó por alto que esta iniciativa ya fue rechazada por el pueblo venezolano, y las presiones y los abusos que se ejercen desde el poder en ambos países contra las fuerzas opositoras.
La explicación a todo esto es que con Bolivia ya consiguió lo que quería y le servía en materia de explotación y suministro de gas boliviano y que contra Chávez por ahora no quiere mayores problemas. Esto es, no se animan, pero se tienen unas ganas.
Para Rafael Poleo, director de el diario El Nuevo País de Caracas, “el ladino apoyo de Lula a Chávez atiende a negocios inmediatos, en contradicción con la realidad geopolítica y los problemas que Venezuela crea a Brasil en Bolivia y Ecuador”.
En su columna “A sangre fría”, el periodista afirma que mientras el 70% de los ciudadanos venezolanos rechazan el intento “monárquico” de Chávez avalado por el presidente brasileño, las “únicas felices son las empresas brasileñas que en Venezuela ejecutan jugosos contratos o se benefician de una balanza comercial favorable a ellos en proporción de 10 a 1”, y denuncia la “cooperación” con Lula de “los jerarcas chavistas beneficiados con los negocios entre los dos países”.
“Lula ha actuado en función de los intereses del naciente imperialismo brasileño, anunciado desde principios del Siglo XX por especialistas y estrategas”, observa Poleo y es precisamente esta idea la que le lleva a lamentarse a la fuente citada el principio por la suerte de los paraguayos.
En el tema de la revisión del acuerdo de Itaipú y la comercialización de la energía generada por esa represa internacional paraguayo-brasileña, Lula ya no es tan campechano ni tan tercermundista y progresista y pasa a ser un simple vocero de Itamarati, de las FFAA y del poder económico de San Pablo.
Se calcula que Paraguay, con el actual convenio pierde de ganar de 800 a mil millones de dolares anuales, beneficio que queda en Brasil y en manos de empresas brasileñas. Es natural que el presidente paraguayo, el ex obispo Fernando Lugo, trate de defender el interés y los derechos de su país. Brasil se opone y –cosa curiosa–, parecido a lo ocurrido en Bolivia cuando Morales se puso “difícil” le pasa a Lugo: le surgen problemas internos de distinto tipo, incluso hasta de carácter social y popular. Estos han sido y son alentados, según expertos, por la influencia y las fuerzas económicas pro Brasil, que actúan en ambos territorios.
La cancillería brasileña ha sido clara, –y Lula cumple– en que “los tratados están para cumplirse como se firmaron”. El detalle es que este tratado fue firmado por el ex dictador Alfredo Stroessner y que la “partecita” que le quedaba a Paraguay era suficiente para los manejos de su Partido Colorado.
¿Creerá Lula que Stroessner, reelecto presidente por décadas y décadas, se mantenía en el poder como consecuencia de un proceso democrático, en el que todos tenían derecho a participar en igualdad de condiciones?
