Que una película inteligente sobreviva en el mercado mundial es difícil y es aún más complicado en Panamá.
Los peligros sobran. Uno, las películas independientes se estrenan en una menor cantidad de salas que las producciones más grandes.
Dos. Muchas veces solo les dan una semana en la cartelera para ir ganando su público, mientras que a los títulos más comerciales les permitan hasta dos mes para que hagan lo mismo.
Tres. Su fondo para promocionarla en los medios de comunicación es ridículo comparado con el que tienen los pesos pesados.
Cuatro. El público nacional tiene, salvo excepciones honrosas, una baja formación cinematográfica. Si no lo cree, vea con regularidad la tabla que aparece en esta misma página donde una película es calificada por cinco críticos de periódicos con una nota de uno de un total de cinco y cuando ve la columna de los que votan por sus favoritos en prensa.com la misma producción recibe un 3 y mucho más.
En este punto, no niego que a veces los especialistas de cine se equivocan. Claro que lo han hecho, recuerden cómo los miembros de la prensa extranjera radicada en Hollywood, los responsables de los premios Globo de Oro, nominaron este año como mejor comedia a la irregular El Turista.
Cinco. La audiencia istmeña que apoya las películas de riesgo argumental y que abordan temas considerados tabú es reducido, aunque ha mejorado en los dos últimos lustros.
Seis. En ocasiones las distribuidoras estrenan dos películas independientes el mismo fin de semana y terminan peleando entre sí. Esto casi nunca ocurre cuando se trata de dos películas comerciales importantes, pues por alguna razón se proyectan generalmente con una semana de diferencia.
Siete. Las distribuidoras en este país, por razones complicadas de entender, a veces estrenan las películas interesantes meses y hasta años después de que se proyectara, como pasó hace unos días con El secreto de sus ojos (Argentina, 2009) y le pasa ahora a El Luchador (EU, 2008).
¿Resultado? Los interesados en esta clase de productos posiblemente ya las vieron en el extranjero o ilegalmente por internet o la alquilaron o la compraron en dvd, pues se presentan con tanta tardanza que hasta esto llega a ocurrir.
¿Balance? Títulos memorables como El secreto de sus ojos o El Luchador pasan sin pena y sin gloria por el istmo, mientras que a otras con menos valor artístico les va de maravilla.

