Psicólogo en casa De la neurosis a la psicosis

¿Ven? Lo he vuelto a hacer. Acabo de disparar una palabrita que si bien la llevo usando desde que escribo estas columnas, jamás me he tomado la molestia de explicar. Quizás porque, al igual que otras, me parece que el lector tiene el suficiente bagaje cultural y capacidad de asociación que le permitirían llegar a entender su significado si no por sí mismo, al menos dentro de un contexto determinado. En este caso, si se sabe qué quiere decir o a qué alude el término psico , por un lado, y el de patología , por otro, no sería difícil hacerse una idea sobre a qué me estoy refiriendo.

Sin embargo, a veces el tema es más complicado. En ocasiones los conceptos implican aspectos más delicados y no nos tomamos la molestia de aclararnos. El resultado es que, a pesar de ser usados frecuentemente, las reflexiones y pensamientos relacionados con ellos no tienen nada que ver con la base científica que les subyace. En este sentido se me vienen ahora a la mente tres que en estos tiempos están en boca de todo el mundo, incluso de ciudadanos legos. Se trata de neurosis, psicosis y psicopatía.

Quien no ha habrá leído, dicho o escuchado que alguien es un neurótico, que aquel delincuente era un psicópata o que cierto asesino tenía rasgos psicóticos. En muchos artículos, noticieros y comentarios se mencionan estos vocablos dando por sobreentendidos sus significados e implicaciones. Sin embargo, ¿podría usted saber con precisión a qué aluden exactamente? ¿Podría hacer diferenciaciones clínicas entre ellos? Si no es así, no se preocupe. De seguro que con la idea o las conclusiones a las que haya podido llegar por usted mismo le baste para entender un poco el tema. Lo más probable es que más no le hará falta para desenvolverse en su vida diaria. Sin duda, de neurosis y psicosis no tratará en las conversaciones con sus amigos, en los almuerzos familiares o en una reunión de negocios.

De todas formas, para los que aun así queden con ansias por conocer más o aclarar dudas, les explicaré todo esto de la forma más sencilla posible. Tal como lo entendí yo por primera vez al empezar mi carrera. Fue de una forma totalmente académica -no podía ser de otro modo al tratarse de una clase de introducción a la psiquiatría- , pero sumamente esclarecedora y dentro de un marco psicoanalista (el profesor era de corriente freudiana).

Dibujen o imaginen un triángulo. Esta figura representaría la estructura de su personalidad. Ahora divídalo en tres partes iguales. Cada una equivaldría a una entidad distinta y juntas interactuarían conformando la particular forma de ser. Una de estas equivale al superyó , otra al ello y la última al yo . La primera sería esa parte de nuestra personalidad que pretende un mundo ideal, como una voz de la conciencia que nos dice qué camino seguir. Es la que nos invita a seguir la normas y cumplir con nuestros deberes. La segunda, en contrapartida, representa nuestro mundo instintivo y nos invita a dejarnos llevar por los impulsos y pasiones sin obedecer a las reglas. Y la tercera, la estructura del yo , equivale a una especie de puente entre las dos anteriores. Es la que nos conecta con la realidad y vigila que ni el yo ni el superyó se desfasen.

¿Pero qué pasaría si esto ocurriera? Si la persona no es del todo estable puede llegar a enfermar (algo que según mi profesor nos puede pasar a todos). Y de ser así podría ser de tres maneras: Cuando el superyó se crece y domina todo, aparecerían los rasgos neuróticos en los que predominaría, sobre todo, la angustia y la ansiedad. En los manuales de diagnóstico actuales -que prefieren el término trastorno de ansiedad a neurosis- se recogerían todos los síntomas de esta patología. Aquí cabrían, entre otros, los derivados de las fobias, el estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo (típico, por ejemplo, en la persona que se lava las manos a cada rato por miedo a contraer alguna enfermedad), los miedos irracionales y, en general, todos aquellos cuadros propios de las personas a las que vulgarmente se les llama "nerviosas".

Pero si es el ello lo que se desajusta y controla la personalidad, pasaría todo lo contrario. Tal como ocurre en los que se conocen como psicópatas, individuos irresponsables, faltos de control de impulsos y sentido moral. Individuos incapaces de experimentar culpa y desarrollar vínculos duraderos con otras personas. En ellos no son infrecuentes las conductas violentas y delictivas, problemas con la bebida, abandono de empleo e irresponsabilidad en sus relaciones familiares.

Y por último puede darse el caso de que el yo sea incapaz de controlar a los otros dos y mantener a la persona con los pies sobre la tierra. Sería lo que sucede en los psicóticos, enfermos que confunden la realidad con la fantasía y que se caracterizan o bien por delirios (normalmente relacionados con ideas de ruina económica, culpa o enfermedad) o por alucinaciones (pueden, por ejemplo, oír voces acusatorias o visiones de familiares fallecidos).

El tema es más complejo y hoy en día se maneja de otra forma cuando se pretenden explicar las causas. En todo caso, espero haberles arrojado algo de luz. Y que si algún profesional de la salud mental que se quiera pasar de listo comente que fulanito es un neurótico o zutanito un psicótico, usted pueda saber mejor por dónde van los tiros.

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