Según la ley del consumidor todo anuncio o aviso publicitario deberá ajustarse a la verdad, cuidando el anunciante de que no se tergiversen los hechos y que el anuncio o la publicación no induzca a error o confusión. Sin embargo, esta norma es violada abiertamente por los brujos, hechiceros, adivinos, espiritistas, videntes, santeros, astrólogos y demás esotéricos que se anuncian en los diarios populares y hasta en la televisión, cuando con expresiones tales como “Prometo el regreso a sus pies, arrepentido (a) de su ser amado en 13 horas o menos” o “No sufra más, ven a mí, único brujo... regreso, amarro y ligo, aduéñate de cuerpo y alma y corazón de quien tú quieras en horas y de por vida”, o “Somos 1000% efectivos” o “No hay trabajos imposibles con las ciencias ocultas” inducen a creer que ellos pueden hacer todo, hasta lo imposible.
Igualmente la ley señala que las afirmaciones que se hagan deben ser exactas y susceptibles de comprobación en cualquier momento. La pregunta es por qué razón no se multa a ninguno de estos individuos con seudopoderes psíquicos, quienes legalmente tendrían que cumplir con lo ofrecido en el anuncio. Inclusive se observan publicaciones de testimonios de personas que han sido supuestamente favorecidos por estos hechizos y la ley es clara cuando dice “En los anuncios donde se mencionen testimonios estos deben ser ciertos y auténticos. La Acodeco podrá solicitar a los proveedores la identificación, el domicilio y las generales de las personas que ofrezcan su testimonio, a fin de que pueda ser comprobado”.
La Iglesia católica enseña que “todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el provenir (Cfr. Dt 18,10; Je 29,8), la consulta a horóscopos, a la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a mediums encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”. También señala que “todas las prácticas de magia o hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud- son gravemente contrarias a la virtud de la religión”.
Estas prácticas son más condenables aun cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítimas ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.