CRÍTICA

RIP para los gremios docentes: Abel L. Guerra Ibarra

Todavía recuerdo la alegría que expresábamos como niños cuando nos decían la noticia que los maestros se iban a una huelga nacional. Obviamente, este sentimiento era porque no teníamos que ir a la escuela, algo propio de los años de inmadurez y juegos que caracterizan a los mozalbetes. Ya en el bachillerato, cuando se anunciaba una eventual huelga un grupo de docentes se acercaba para informarnos del porqué era necesario suspender las clases por equis tiempo, y se nos enseñaba que no solo la materia de cívica indica cómo ser ciudadano con derechos y deberes, sino que en la práctica (huelgas) aprendemos a utilizar y defender nuestros derechos.

En esos tiempos nadie le recriminaba al educador por la merma de clases ni por lesionar el derecho a la educación de los estudiantes; para mi sorpresa hoy esas son las banderas que se levantan contra los docentes que se atrevan a apoyar una manifestación, cuando la historia ha demostrado que en la lucha hemos alcanzado derribar la tiranía de los dictadores y sus políticas que perjudican al pueblo.

Hoy mi indignación y preocupación es por el doble discurso falaz que se maneja en los medios. Por un lado se exacerban pidiendo libertad de expresión, derechos a los periodistas, etc., pero avalan, rinden pleitesía y defienden a una que salió de sus filas y que, por politiquería, está al frente de la cartera educativa promoviendo una cultura cosmética y del marketing; por otro lado suscitan la condena generalizada de las personas por medio de sondeos, convirtiendo estas opiniones en verdades casi dogmáticas.

Al final tenemos una sociedad incapaz de analizar el vaivén de las políticas económicas que se aplican en nuestro país: naturalización de extranjeros es igual a mano de obra más barata que la nacional; un sistema educativo con grandes falencias mucho más marcadas a partir de una irrisoria y caótica transformación curricular; el declive intencionado del sistema de salud público; el pésimo servicio de transporte colectivo y selectivo; el incremento de la delincuencia, y, más grave aún, la inmoralidad de un gobierno en decadencia, sin escrúpulos y con una bien definida tendencia oligarca.

Estos eventos y escenarios no son productos del azar, son situaciones concebidas para que el panameño de a pie no piense, solo se preocupe por cómo llevar el sustento diario y llegar vivo a su hogar.

Recrimino, además, la pésima organización de los gremios docentes. La lucha justificada se ha convertido en la tumba de muchos dirigentes, uno a uno, la titular de Educación ha sabido quitárselos de encima. Esto nos lleva a la muerte súbita de uno de los grupos más beligerantes del país y en el que reposaba la esperanza, solo un milagro de conciencia puede resucitar a los que ponen la luz de la vida en el alma de la juventud, si no desde hoy puedo expresar requiéscat in pace.

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