Entre 1850 y 1855, miles de trabajadores fueron traídos del extranjero a Panamá para que trabajaran en la construcción del ferrocarril. A propósito de la creación del Canal, tanto en la etapa francesa como en la estadounidense, el hecho volvió a repetirse.
La mayoría de esta mano de obra, en ambos casos, estaba compuesta por antillanos. En 1880, por ejemplo, llegaron 9,005 desde Jamaica, 1,344 de Barbados, 800 de Martinica y 495 de Santa Lucía. Pero el asunto no se quedó allí, ya que también vinieron de Nueva Orleans (542), Cuba (275), Venezuela (272) y la metrópoli colombiana (142).
En vista de que los poblados que les habían preparado para habitar ya estaban saturados, se crearon barrios como Calidonia, con su apéndice el Marañón, y Río Abajo con posterioridad. De paso se abrieron fuentes de fáciles ingresos para ciertos señorones de la capital, que no hacían mejoras en los locales y cobraban por estos una barbaridad.
El 28 de abril de 1915, y según el acuerdo número 6 del Consejo capitalino, se dividió a esta ciudad en cuatro barrios: San Felipe, Santa Ana, el Chorrillo y Calidonia. Volviendo al Marañón, poco a poco los lotes se volvieron más cotizados y aumentaron su valor. Así, las viejas casas de inquilinato fueron desapareciendo.
Las casas que construyeron los franceses eran de madera con techos de zinc. Tenían de dos a tres pisos, con amplios corredores que servían además para funciones sociales entre los vecinos. Los corredores estaban sostenidos por columnas que dejaban debajo unos espacios amplios que servían para que los peatones se protegieran de la lluvia y el sol.
El Marañón comprendía desde la Avenida Central hasta la del Norte o Eloy Alfaro. Incluía las calles 18 hasta la 23 este. Llegó a ocupar 17 manzanas, lo que continúa igual.
Rememorando un poco, aún se recuerdan los lujosos matrimonios que se celebraban en Calidonia. Alquilaban todos los taxis, que eran convertibles, para que las damas de honor de la novia se pasearan elegantemente vestidas por las diversas calles capitalinas. Ah, los entierros; adelante del difunto iba una banda tocando, con damas engalanadas con finos ropajes y guantes blancos, a las que seguían los caballeros con trajes de etiqueta y sombreros de copa. Los muertos también iban bien elegantes para presentarse adecuadamente en su juicio final. En Nueva Orleans aún se observan estas interesantes ceremonias.
Y pasando a otro tema, estamos encantados con la permanente comunicación que recibimos de nuestros lectores, una ayuda invaluable. Acerca de Raíces del domingo pasado, 21 de octubre, nos llamó Don Amado Arauz, quien nos afirmó que sí se trataba de una urbanización, y que era nada menos que la de Las Cumbres, una de Luis Martinz. Arauz trabajó, vive allí y posee copias de estas fotografías, que datan de las décadas del cuarenta y cincuenta.
La urbanización estuvo planeada para que fuera la escogida por los empleados de la antigua Zona del Canal cuando les llegara su retiro. Por ello la llegaron a llamar Gringo Town y de allí la apariencia y estilo de algunas de sus casas. La urbanización tenía toda la infraestructura necesaria y hasta un primitivo lago, no el de hoy, que surtiría de agua en caso necesario.
Por cierto que la compañía Fuerza y Luz exigió y aplicó una tarifa de larga distancia para los teléfonos que allí instaló. En la primera de las fotografías se aprecia la carretera Transístmica y una rama pequeña que es la que va hasta Las Lajas. En la otra imagen, la apariencia cambia y la Transístmica no se ve. Gracias nuevamente a Don Amado Arauz y a Romualda Lombardo, del Museo Afro Antillano, que también nos ofreció su valiosa colaboración.