La oligarquía se define como un grupo de personas vinculadas por lazos familiares, de amistad o de negocios –generalmente pertenecientes a una misma clase social– que en el caso de Panamá ha controlado el poder político del Estado gran parte del período republicano. Dominio ejercitado preferentemente en beneficio de específicos intereses económicos nacionales, como también en provecho extranjero.
Precisión conceptual que viene al caso o que explica la conducta adoptada por los voceros de la plutocracia antinacional, con relación a la propuesta gubernamental para la transformación integral de los servicios policivos o de seguridad pública a través de Decretos Ley.
Por ejemplo, para el presidente del Conep la iniciativa legislativa del Órgano Ejecutivo en materia de seguridad no tiene ningún problema. Dos de los principales líderes políticos de la oposición y candidatos presidenciales han hecho mutis frente a tan trascendental decisión oficial.
Por su parte, uno de los precandidatos oficialistas –presa de la desesperación política– propone de forma demagógica una “mano dura” contra la criminalidad juvenil, obviando, por supuesto, el hecho incontrovertible de que en gran medida la violencia, la criminalidad y el pandillerismo existente en las calles de nuestro país son motivados por el lucrativo negocio ilícito del tráfico de drogas hacia Estados Unidos, y la responsabilidad que en esto tienen los gringos.
Por otro lado, los ideólogos del gamonalismo que se han referido al peligro que se cierne sobre la democracia, las libertades individuales, los derechos humanos y la convivencia pacífica de los residentes del istmo, con la pretendida militarización de los organismos de la fuerza pública, lo han hecho con un evidente sesgo político. No mencionan por ningún lado la autoría norteamericana del proyecto punitivo. En síntesis, el tráfico de estupefacientes –con todas sus secuelas– por Panamá, responde a un hecho irrefutable: “El mercado estadounidense de consumo de drogas es el más grande del mundo”. Tampoco hay que ser un especialista para avizorar las consecuencias políticas, económicas y de la propia vida de los panameños, si el pueblo como nación no resiste una imposición a todas luces de origen foráneo.
Sencillamente, porque con la militarización de los servicios de policía, los istmeños no solo pondremos los muertos y los inmensos recursos económicos que habrán de asignarse a estas nuevas funciones policivas, militares y de “sapería” política; sino que también nos veremos abocados a una absurda polarización política y social.
Pero el reduccionismo e inmoralidad políticas del caciquismo nacional y de sus voceros oficiales y oficiosos consiste en ocultar de forma deliberada al autor intelectual de la militarización del combate contra el narcotráfico expuesto mediante el “Plan Mérida”, plan que consiste esencialmente en que los países de la región centroamericana, incluyendo a Panamá, pondrían en riesgo sus débiles democracias y su gobernabilidad, “y Estados Unidos, los consumidores de drogas”. ¡Así de sencilla es la cosa!
El autor es coordinador del Frente Democrático Torrijista (FDT)
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