La batalla legislativa se acaba, pero empieza otra: la política y la judicial. Una nueva fase del debate sobre la reforma sanitaria –que, visto en perspectiva, dura desde hace un siglo, desde que Theodore Roosevelt pidió la cobertura universal– empezó ayer cuando Obama firmó la ley. Fiscales generales (ministros de Justicia) republicanos de 11 estados anunciaron el lunes recursos contra la reforma, que supuestamente vulnera las competencias y la soberanía de los estados.
Estados como Virginia argumentan que obligar a todos los residentes en el país a contratar un seguro sanitario –uno de los ejes de la ley– es anticonstitucional. Decenas de estados han adoptado en los últimos meses leyes y resoluciones para desactivar aspectos concretos de la reforma.
La reforma ha desatado una pugna entre el Gobierno y los estados, que acusan a Washington de invadir sus competencias y vulnerar las normas del federalismo. Si los recursos alcanzasen al Tribunal Supremo, actualmente inclinado a posiciones conservadoras, no sería descartable que este anulase partes de la ley.
Esta misma semana, los republicanos tienen la ocasión de colocar los primeros obstáculos a la reforma. El domingo, la Cámara de Representantes adoptó dos leyes: la primera es la que Obama firmará hoy; la segunda, que contiene enmiendas a una ley previa del Senado y completaría la ley definitiva, debe ser votada en esta cámara en los próximos días. La minoría ha prometido todo tipo de maniobras dilatorias.
A corto plazo, la vía más realista para que los republicanos torpedeen la reforma es la electoral. Los estadounidenses están convocados a las urnas en noviembre para renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, ahora en manos de los demócratas.
“Todas las elecciones serán un referéndum sobre la ley sanitaria”, adelantó hace unos días Mitch McConnell, líder republicano en el Senado. El senador John McCain, rival de Obama en las presidenciales de 2008, se declaró el lunes en la cadena ABC “asqueado por la euforia” en Washington, y dijo que fuera de la capital federal “el pueblo estadounidense está muy enfadado”. En su programa radiofónico, el locutor Rush Limbaugh, ideólogo del sector más radical de la derecha, dijo: “Debemos derrotar a estos bastardos. Debemos barrerlos”.
Los republicanos pretenden hacerse con el control del Congreso y entonces revocar la ley, o las partes que más les desagradan. La estrategia es arriesgada. Los demócratas intentarán vender la reforma –adoptada pese a que es ampliamente impopular – subrayando sus aspectos más amables. Por ejemplo, la ampliación de la cobertura para los hijos con el seguro de los padres hasta los 26 años. ¿Qué republicano hará campaña contra esto?