Tras 20 años de bien gestionados gobiernos, el partido de la derecha Arena cede el poder por la vía electoral a quienes lo habían intentado alcanzar por la vía de las armas. El relevo confirma a quienes observamos la política en el continente, que la ruta de alternabilidad democrática escogida por el hermano pueblo salvadoreño es la correcta. Para nadie es un secreto que ese país, a partir de la firma de los acuerdos de paz ha trabajado vehementemente en la construcción de su nación a partir del fortalecimiento de sus pilares institucionales.
Lo ocurrido es el maravilloso ejemplo de un proceso de maduración cívico-político que deja claros espacios para la reflexión en otros países menos subdesarrollados en la manera de gestionar su democracia. Dos décadas de gobiernos de derecha empresarial cedieron su lugar a la izquierda. Y cada vez que Arena venció al FMLN en los cuatro ejercicios anteriores, los entonces opositores aceptaron la derrota y continuaron su trabajo de fortalecimiento y reinvención de su opción. Así ganaron, poco a poco, alcaldías y diputaciones hasta llegar a ser un proyecto viable que logra el favor del voto popular. Atrás quedó la confrontación, para dar el paso más importante: convencer a toda la nación que es el ejercicio de la política en su más amplia y continua expresión lo que da espacio al cambio, al relevo, a la revitalización del tejido social y político de nuestros pueblos.
Con este triunfo, y la aceptación de los grupos asimilados en Arena, se confirma que los gremios empresariales pueden apoyar y participar en la política, pero deben tener la madurez necesaria para admitir que hay una agenda de nación muy superior a la de sus propios intereses. Viene esto al caso, por que en otras naciones de nuestra región, dada la fuerza de su poder económico, cuando el sector empresarial interviene en la política con una visión corporativista de todo o nada, contrariamente acaba destruyendo las instituciones y su funcionalidad.
El futuro de El Salvador llega de la mano de Mauricio Funes, un moderado social demócrata que confiesa querer parecerse más a Lula que a Fidel Castro, fuente de inspiración de los principales cuadros frentistas. Importante rasgo que define al relevo presidencial, quien hoy tendrá el desafío de buscar una receta de necesarios ajustes en mitad de una cruda crisis financiera global al tiempo que por primera vez la izquierda salvadoreña afronta el reto de transformar la nación sin provocar una debacle, aspecto radicalmente diferente respecto a los antiguos enunciados del FMLN de Schafik Handal.
Ahora el camino tan solo se perfila para Funes y El Salvador. Citando conceptualmente lo dicho por el recién electo presidente en una entrevista a la cadena CNN, el mando de la nación reposará en los mejores ciudadanos y no únicamente en el partido, en busca de hacer que el futuro se plantee menos oscuro que lo dibujado en la mesa de los analistas.
¿Qué si es una lección? Saque usted sus propias conclusiones. Yo desde mi silla en el centro derecha del espectro político, felicito al partido Arena, a los ejemplares empresarios, el pueblo salvadoreño y a su flamante presidente, a quien le deseamos que la visión moderada que ha proyectado al mundo sea el eje que le permita proveer a su país de la prosperidad y la paz social que busca.