BUROCRACIA.

Santones y derviches en el Estado

Una amiga de la infancia, a quien le fascinan los temas metafísicos, me comentó que hace algunos años un swami, devoto de Krishna, descubrió una fórmula para acelerar los procesos burocráticos en Panamá. Envuelto en una túnica blanca, el hombre extendió un manto parecido a una mortaja en el vestíbulo de Migración y se sentó a esperar la autorización que necesitaba para hablarle durante varios días a una legión de creyentes. Detrás del santón un séquito portaba varitas de incienso y entonaba cantos espirituales, como si esperase su turno para entrar al río Ganges.

La lección de swami rindió frutos. Los fieles dejaron en el recinto una estela de un humillo blanco, un olor a sándalo y a bolitas de naftalina. Años atrás, Domingo Pilarte, un predicador dominicano con voz de trueno, quien hacía aterradoras profecías en un estadio local, enfentó una situación parecida. El entonces ministro de Gobierno y Justicia, Adolfo Ahumada, le ordenó que abandonara el país, pero el religioso, armado con una Biblia, trasladó sus sermones al Casco Viejo, por lo que Ahumada, un astuto conocedor del derecho, tomó una decisión salomónica: una prórroga a favor del evangelista, quien semanas despúes empacó maletas, se puso sus sandalias y recorrió los caminos ignotos del Señor.

Sin embargo, no todos cuentan con recursos tan ingeniosos para llamar la atención de servidores públicos en oficinas inoperantes, ¡muchas veces oscuras y lúgubres!, donde la gente tropieza con la tramitación lenta y engorrosa de documentos. El presidente de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera, Luis Blanco, se preparó hace meses con la paciencia de un bonzo de Tíbet, para que la Cancillería, el Ministerio de Gobierno y Justicia y Migración resuelvan en forma sensata los trámites de periodistas con funciones internacionales. No obstante, la espera se ha prolongado en forma enigmática y misteriosa.

Los corresponsales de prensa extranjera acreditados en Panamá saben lo que cuesta realizar una diligencia en Migración. Subir y bajar escaleras, en busca de un sello, es una rutina que algunos funcionarios consideran normal en la administración pública. El único consuelo, es que al frente de esa dependencia está apostado un colombiano que vende el "emparedado migratorio", una barata y sabrosa vianda que alivia la fatiga de los solicitantes, quienes se preguntan si el modelo cambiará algún día en este país.

Pero los obstáculos y absurdos no terminan allí: la tramitación de una solicitud de certificada de 10 líneas, como contribuyente en la República de Panamá, para ser remitida al exterior, toma 18 días en ser respondida en la Dirección Provincial de Ingresos en el Ministerio de Economía y Finanzas, donde se supone que el sistema está digitalizado y preparado para encarar los retos de los tratados de libre comercio (TLC). La falta de señalizacion interna (letreros similares a los que existen en los aeropuertos) y la carencia de salas equipadas con asientos, condena a la población a hacer colas incómodas y al maltrato innecesario e injustificado en laberintos que producen claustrofobia, angustia y agotamiento.

En otros casos, los contribuyentes se encuentran ante un muro indolente. En las ventanillas suelen aparecer rostros patibularios, cuyas respuestas negativas son adivinadas con facilidad (no se puede, no está listo, no es aquí, no lo pueden atender porque están en hora de almuerzo). Miradas torvas, prepotentes e insensibles o una expresión de idiotez prevalecen sobre la agilidad mental, el esmero y la calidad del servicio en las dependencias del Estado y en muchas empresas del sector privado.

Sin menoscabo de las conquistas laborales, valdría la pena pedirle a algunos directores que cambien sus pupitres por camas con clavos, como las que utilizan los derviches y Dalit encantadores de serpientes. El experimento podría propiciar que los usuarios sean tratados con respeto y dignidad, y se imponga un sistema horizontal, ágil y humano, que potencie los talentos y la productividad. Después de todo, es posible reconocer la verdad: la burocracia demanda cambios, entre ellos la formación de personal competente, compenetrado con los procesos, y jefaturas idóneas. No se necesita ser un iluminado o consultar al oráculo para saberlo.


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