Pequeños detalles de limpieza nos abruman cuando nos ponemos los guantes de fregar, cogemos la escoba o el trapeador y pretendemos que todo quede como antes. ¿Cómo proteger aquello con lo que convivimos todos los días o elegir el producto de limpieza adecuado para que deje como nuevo lo que ya no lo es tanto no es un gran problema, si se conoce el truco adecuado?
En la cocina -Cafetera: Un café para poner fin a la velada puede poner en evidencia el estado de nuestra cafetera. Para limpiar una cafetera a fondo hay que llenarla con agua en la que se haya disuelto una cucharada de jugo de limón y acto seguido se coloca en el fuego para que limpie todo su interior. La operación se realiza dos veces y luego se aclara con agua limpia.
Para eliminar la cal que se haya incrustado en el depósito y los conductos hay que realizar la misma operación pero sustituyendo el jugo de limón por vinagre.
Si se trata de una cafetera que no se utiliza demasiado, una vez usada lo mejor es introducir en su interior un terrón de azúcar para evitar que coja malos olores mientras esté guardada.
Aunque parezca increíble, si cuesta abrir la cafetera no dude en meterla cinco minutos en el congelador antes de intentarlo de nuevo.
-Fregadero: Para que no sólo quede limpio, sino también brillante, lo mejor es cubrirlo con papel de cocina y verter sobre él lejía pura. Hay que dejarlo reposar durante media hora, retirar los papeles y aclarar. Si es de acero inoxidable y tiene manchas, nada mejor que frotarlas con un paño empapado en alcohol o vinagre blanco.
-Extractor: La campana extractora es una de las piezas que más sufre la suciedad que se acumula en la cocina debido a la grasa. Si son de fibra sintética o de carbón no lavable lo mejor es hacer el recambio en dos años.
Si no es así, para facilitar su limpieza un buen truco es poner a hervir agua en una cacerola grande en la que se haya diluido un chorro de jugo de limón. Con el vapor se reblandece la suciedad incrustada, mientras que el limón actúa como desengrasante. Tras ello se lava la superficie con agua y jabón.
En la habitación -Comforter, o cubrecama: Más de uno se tumbará sobre el edredón para reposar la copiosa comida y despejar la mente después de alguna copa de más. Asegúrese de que se puede lavar en casa, aunque no sea fácil meterle en la lavadora, pruebe a introducirle plegado en forma de acordeón.
Normalmente las fibras sintéticas pueden lavarse sin más problema, mientras que los de plumas deben recibir una limpieza profesional. Para evitar que el relleno se apelmace pruebe a introducir con el edredón un par de pelotas de tenis, así conseguirá que se mantenga en su sitio durante todo el lavado.
Para el baño El amoniaco es un producto de limpieza versátil en todos los ambientes de la casa, aunque nunca se debe emplear en estado puro sino diluido en agua. Entre sus aplicaciones están: los azulejos del cuarto de baño que quedarán resplandecientes si se limpian con papel de periódico humedecido en agua en la que hayas disuelto un chorrito de amoniaco.
-La bañera: Este es un punto neurálgico del baño que no siempre, pese a nuestro empeño, queda en perfecto estado después de su uso. Si quiere evitar que después del baño queden marcas en las paredes de la bañera pruebe a añadir en el agua del baño un puñado de sal gorda.
Si con el tiempo el color de la bañera ha dejado de ser blanco nacarado y ha pasado a un feo amarillento, puede recuperar el tono primitivo con una mezcla de ingredientes caseros: tiene la misma eficacia la combinación de sal y aguarrás que la de sal y vinagre caliente. Frote con suavidad para no dañar el esmalte.
A veces, con el tiempo, aparecen manchas de óxido que se eliminan fácilmente con una pasta realizada con jugo de limón y bórax.
