IMPLICACIONES

Segunda vuelta electoral

En los procesos de democratización en América Latina el denominador común sobre el que giraron las reformas políticas fue la preocupación por diseñar un sistema político que fuera eficiente, incluyente y que, por sobre todo, asegurara la gobernabilidad.

Una de las fórmulas más difundidas, que de manera paulatina se convirtió en característica de los sistemas electorales de la región, es la segunda vuelta electoral, tema que en los últimos días ha sido de interés de algunos diputados de la Asamblea Nacional para su inclusión en el Código Electoral.

La segunda vuelta electoral o ballotage no es más que un método de desempate para producir mayorías absolutas en elecciones en circunscripciones uninominales, tanto para elegir diputados como para presidente.

Se aplica cuando el requisito legal para ganar un cargo exige la mayoría absoluta o un umbral de votación previamente definido, que de no alcanzarse por ningún candidato en la primera vuelta, da lugar a una segunda vuelta electoral en la que se restringe la participación a los dos candidatos más votados y en la que para ganar solo basta obtener la mayoría simple de los votos.

En los últimos años varios países latinoamericanos han adoptado el sistema de elección directa con umbrales fijos y segunda vuelta electoral, con la finalidad de asegurar la mayoría en la elección presidencial, por ello la segunda vuelta electoral es considerada como un tipo de sistema electoral que sirve para maximizar la legitimidad de origen.

La segunda vuelta electoral es adoptada en los sistemas presidenciales latinoamericanos con dos propósitos, a saber: primero, para tratar de dar una respuesta constitucional tendiente a maximizar la legitimidad de origen del titular del poder Ejecutivo para afrontar situaciones de gobierno dividido; y segundo, como un elemento centrifugador ante la tendiente fragmentación del sistema de partidos.

En estricto sentido, se trató de que la elección presidencial alcanzara una especie de modelo ideal: en el que el presidente obtiene una amplia legitimidad electoral, y su partido obtiene igualmente, o la mayoría absoluta en el Congreso o la suficiente para coordinar los cambios que a nivel Legislativo el Ejecutivo desea hacer, con el menor desgaste posible respecto a la negociación política con otros partidos. En la doctrina se establecen argumentos a favor y en contra de la segunda vuelta electoral, las que se resumen de la siguiente manera:

1. Respecto a la relación sistema electoral-gobernabilidad: Asegura la maximización de la legitimidad del candidato elegido y un mayor margen de gobernabilidad en el ejercicio del cargo. Con su uso se pretende evitar que el presidente, quien goza de amplias atribuciones y una gran influencia sobre el sistema político, solo cuente con el respaldo de una franja reducida del electorado. Ello supone que al mismo tiempo que se dote de mayor respaldo popular al futuro gobernante, se ayuda también a construir mayorías gobernantes.

2. Respecto a los partidos y candidatos: Es un proceso de evaluación en el que, en la primera ronda, se descarta a los candidatos más débiles o aquellos que producen resultados fragmentados y minoritarios.

Fomenta que intereses diversos se unan alrededor de los candidatos ganadores en la primera vuelta, propiciando que se realicen negociaciones entre partidos y otras fuerzas políticas y se realineen estrategias

Mide la preferencia real del partido y del candidato frente a los electores, de tal forma que se fortalece el sistema de partidos.

3. Respecto a los electores: El elector tiene la doble opción de orientar sus preferencias partidistas. La segunda vuelta electoral permite el voto estratégico. En la primera vuelta el elector vota por el partido con el cual se identifica más o que desde su perspectiva le ofrece mayores beneficios; en la segunda, el elector reorienta su preferencia, vota por el partido que tiene mayores posibilidades de ganar y/o vota en contra del candidato que no desea que lo gobierne.

Permite que el electorado reaccione ante cambios que ocurran en el escenario entre la primera y la segunda vuelta.

En contraparte, las objeciones a la segunda vuelta electoral se resumen así:

Primero. La segunda vuelta electoral configura una legitimidad artificial del candidato más votado, pues regularmente en la primera vuelta su partido queda con una reducida representación en el Congreso, complicando la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, pues no construyen coaliciones institucionales ni mayorías partidistas que favorezcan la cooperación.

Segundo. Por lo anterior, la segunda vuelta electoral puede tener como efecto que la gobernabilidad dependa de coaliciones frágiles o no deseadas, afectando las expectativas de la implementación de las políticas públicas.

Tercero. La segunda vuelta electoral en la elección presidencial, por sí misma, no influye directamente sobre el fortalecimiento del sistema de partidos, ya que ello se logra desde la primera vuelta, donde se aplican las reglas y fórmulas que dan poder a los partidos en el Congreso. Al contrario, ha tendido a fragmentar los sistemas de partidos en los países en donde se aplica.


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