He optado por darle una tregua al "diálogo" del Seguro Social antes de comenzar a despotricar contra él. Sin embargo, dudo que llegue a ninguna conclusión porque se hace evidente que el grupejo de dirigentes del FRENADESSO tiene de todo, menos intención real de resolver el serio problema de la institución. La empresa privada, el gobierno (culpable de todo este enredo por su falta de previsión) y algunos grupos obreros, han optado por buscar una solución consensuada que será prácticamente imposible, dada la intransigencia de estos individuos que se creen "designados por el pueblo para hablar en su nombre". Les anticipo que, aunque yo tampoco apoyo la Ley 17, no considero que ellos me representen, lo cual me atrevo a vaticinar que es el caso de muchos panameños. Pero bueno, cambiemos el tema que estoy seguro que quedará mucho tiempo para volver sobre él en unas cuantas semanas.
Siempre he pensado que si los fumadores vieran cómo mueren las personas con enfisema pulmonar y/o cáncer de pulmón, toda la campaña mundial para erradicar el tabaquismo, sería muchísimo más sencilla. Sin entrar en los detalles de la apariencia de un tumor pulmonar necrótico o de un pulmón negro por depósitos de alquitrán, es terrible ver a personas sufrir de dificultad respiratoria progresiva hasta el punto que se hace imposible comer, hablar o bañarse sin sentir asfixia. Como anécdota, les cuento lo que le pasó al "Señor Cof, Cof" y que me ayudó a decidir que nunca en mi vida fumaría. Durante mi residencia de medicina había un paciente con enfisema pulmonar que no paraba de toser a quien, por razones obvias, le llamábamos "Don Cof, Cof". Un día, el pobre señor entró al hospital tosiendo como siempre después de fumarse literalmente "el último cigarrillo". En medio de aquella terrible tos, presentó una hemorragia pulmonar masiva que me permitió presenciar "en vivo" como se ahogaba en su propia sangre sin que los médicos pudieran hacer nada para evitarlo. La autopsia (que también presencié) demostró que con el acceso de tos se abrió una fístula (comunicación) entre la arteria pulmonar y uno de los bronquios, lo que causó que se desangrara tosiendo frente a todos nosotros. Como pueden imaginarse, "el Señor Cof, Cof" fue realmente convincente y me quitó cualquier remoto interés que pudiera tener de probar el tabaco.
Pero la razón de escribir esta nota es que Panamá ya cuenta con una ley que "prohíbe" fumar en lugares cerrados. Sin entrar en los detalles de la ley, ya hay muchas anécdotas de personas que siguen sufriendo por el humo del cigarrillo en establecimientos, restaurantes, discotecas y bares sin que nadie haga nada para evitarlo, mientras reciben respuestas evasivas de gerentes, maitres y meseros. Y los culpables de esto no son los pobres fumadores que sufren una adicción muy difícil de controlar (la nicotina es más adictiva que la cocaína), sino los propietarios de dichos negocios que han buscado la forma de "doblar" la legislación para que estos, los fumadores (que desgraciadamente aún son muchos), sigan asistiendo a sus establecimientos.
Una de las excusas es que cuentan con unos aparatitos que supuestamente purifican y "oxigenan" el aire del humo del cigarrillo (aunque el olor siga siendo igualito). Y, lo más sorprendente, es que estos "limpiadores" son (según ellos dicen) aprobados por el Ministerio de Salud de modo que, si se cuenta con estos misteriosos artilugios, se siga fumando sin tomar en cuenta los riesgos que esto representa para la salud no solo de quienes fuman, sino también de los fumadores pasivos que, sin tener ninguna culpa, están expuestos a los peligros que esto genera.
Se supone que el objetivo de una ley como esta es que el bienestar de la colectividad prive sobre el interés particular del fumador o del dueño del establecimiento. Sin embargo, dado el gran poder económico que se mueve por detrás de la industria del tabaco, existen estos dispositivos para que nadie se vaya a privar del espectáculo de ver morir a algún "Señor Cof, Cof" de una hemorragia pulmonar masiva por causa del cigarrillo.
Pero ¿qué podemos hacer los ciudadanos que nos molesta el humo del cigarrillo (que somos mayoría) ante este nuevo acto de "juega vivo"? Yo sugeriría comenzar una campaña donde, cuando alguien fume en un lugar cerrado cerca de nosotros, le solicitemos educadamente al administrador, gerente, maitre o mesero que por favor les pida que dejen de hacerlo, basándonos en la ley. Si se niegan, simplemente nos levantamos y nos retiramos del lugar dejando clara nuestra inconformidad (sin gritos por favor). Al abandonar el lugar, dejamos nuestro plato tal como está y les pedimos le envíen la cuenta "a la mesa de los Cof, Cof"… De esta forma, tanto los dueños como los fumadores comienzan a sentir públicamente el rechazo que genera su forma de actuar. Pueden estar seguros que, cuando a un restaurante le haya pasado esto diez o doce veces (y ojalá se levantaran todos los "no Cof, Cof" al mismo tiempo) les aseguro que hacen cumplir el verdadero espíritu de la ley que es evitar que estemos expuestos a los riesgos que significa este terrible vicio.
