EN BUSCA DE UN JUICIO CRÍTICO

Separación ´versus´ independencia: Saúl Rolando Cortez

A la sazón de las festividades novembrinas sobre la patria, retoma efervescencia la confrontación de los términos separación versus independencia y su aplicabilidad respecto de los movimientos de emancipación en el istmo –de España en 1821 y de Colombia en 1903–. Dicho debate no tiene novedad alguna, toda vez que ha sido histórico el discernimiento a este respecto, donde lo histórico parece trastocar lo jurídico y viceversa.

Ello también remueve fibras sensitivas en lo que a la enseñanza de los movimientos de emancipación se refiere. Por experiencia propia, he visto cómo una posición jurídica al respecto causa escozor, revuelo y molestia entre colegas docentes.

Es precisa la ocasión para aclarar que la confrontación de estos términos (separación versus independencia) para efecto de los movimientos emancipadores en el istmo, pueden ser analizados bajo dos criterios o posiciones: uno histórico y el otro jurídico. En el mejor de los casos, la gran mayoría de los docentes defiende la posición histórica, pero no desde un enfoque por indagación histórica, sino a la manera de una tradición carente de fundamentación.

De hecho, sin duda alguna encontramos compañeros docentes desprevenidos y de lánguido bagaje historiográfico que aprendieron y enseñan Independencia de España (1821) y Separación de Colombia (1903) como una tradición folclórico-patriótica “Me lo enseñaron así, lo aprendí así; ahora lo enseño así, los programas y los libros lo plasman así”. Es decir, desde una perspectiva francamente pasiva y repetitiva, en donde el enfoque por indagación respecto del criterio histórico de los términos separación e independencia es una praxis propiamente nula.

En este sentido, hago eco de las palabras del Dr. Carlos Manuel Gasteazoro cuando emitía un juicio de valor respecto al análisis de algunos historiadores sobre el 3 de noviembre de 1903: “...Hacen una radiografía de la historia panameña en que los nombres, datos y fechas serían la materia ósea, y fuera de ello, nada les interesa...”.

En definitiva, los educadores de hoy llevamos sobre nuestros hombros la responsabilidad de instruir a las generaciones presentes y futuras, en tanto que debemos encaminar a nuestros alumnos a la indagación de ambos criterios (el histórico y el jurídico) sobre los términos separación e independencia, con el fin de fortalecer en estos destrezas como el razonamiento, el pensamiento crítico y la capacidad para justificar o refutar el conocimiento desde la dialéctica misma, es decir, desde la confrontación de diferentes criterios, en busca de extraer la verdad. En este sentido, lograremos romper ese molde unidireccional, tradicional, pasivo y anatómico que acapara la enseñanza de los movimientos de emancipación en el istmo, pues nuestros muchachos podrán traducir o transformar la información en conocimiento útil para ellos.

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