El Estado no está y no se le espera. Muchos haitianos han empezado a organizarse en la base, solos o a través de entidades cívicas, para no morirse de hambre, enfermedad y rabia, mientras esperan que su gobierno espabile y que la ayuda internacional empiece a distribuirse con fluidez.
Lo hemos visto en Jacmel, bella ciudad cultural y turística en el sudoeste del país, hoy en ruinas, que no existe para el Ejecutivo de René Préval.
Ronald Andris es el primerteniente de alcalde de Jacmel y, por tanto, forma parte del Estado. Pero el trabajo que está haciendo responde a los esquemas de la autoayuda civil: desde su fundación de ayuda a los niños, Tetkole, y en colaboración con la ONG Coordination Régionale des Organisations du Sud Est (Crose).
Andris no para. Su cuartel general, instalado en la biblioteca porque el Ayuntamiento amenaza con caerse del todo, hierve de actividad. Una pizarra recuerda el orden de actuación ante la desgracia: 1) Agrupamiento de cadáveres, 2) identificación de las víctimas, 3) coordinación de socorro, 4) evaluación del hábitat y 5) electrificación de la zona.
“Sí, estamos olvidados con relación a la capital”, contesta Andris a la pregunta correspondiente. “Las informaciones solo hablan de Puerto Príncipe. Hemos escrito a medios de comunicación de distintos países (no es nuestro caso), pero seguimos en el olvido”.
¿Abandonados por el Gobierno, por la comunidad internacional o por ambos?, le pedimos que aclare. Andris no duda en marcar la tercera casilla, aunque se muestra prudente: “el Gobierno no estaba preparado para esto en absoluto. Hemos tenido que desenvolvernos por nuestra cuenta”.
En cuanto a la ayuda internacional, el concejal y aparente alcalde en funciones se queja de “la enorme lentitud” de las agencias extranjeras. Cita a la Aecid de España, presente en Jacmel, aunque precisa que alemanes o canadienses pecan de lo mismo. “La ayuda está ahí desde hace no sé cuánto, pero aún no han empezado a distribuirla”, protesta.
El número dos de la comuna de Jacmel no se opone, sin embargo, a la nutrida presencia de tropas extranjeras en su país: “me duele en el alma, pero lo veo necesario para garantizar la seguridad en este momento”, afirma.
Andris sí lanza una críticaterrible sobre la ayuda médica exterior. “Nuestro gran problema es ahora la atención a heridos y enfermos. Han venido muchos médicos, pero mal equipados en general”. Es por esas carencias, asegura, por lo que se practican más amputaciones de las que debieran. “Tampoco hay apenas material ortopédico”, completa.
Una consecuencia colateral, pero relevante del desastre causado por el terremoto es la desatención de los enfermos. En Jacmel, la destrucción del centro que se ocupaba de los infectados por el VIH ha dejado a estos pacientes sin diagnóstico y tratamiento. En todo el país, la desaparición de hospitales y consultas y el hecho de que el foco se concentre en los heridos del terremoto han colocado a muchos enfermos en el sur imaginario de la marginación.
La eficacia de la organización de base queda clara, cuando pedimos al equipo de Andris que verifique la situación de una familia de Jacmel -los Jean-Julien- por la que nos ha preguntado uno de sus miembros que reside en Figueres. Una colaboradora ya se dispone a sacarnos la lista de los 357 fallecidos, cinco desaparecidos, 438 heridos y 15 mil albergados cuando Andris, al oír los apellidos, nos informa: conoce a esa gente y todos están vivos.
En el municipio hay datos precisos, porque Crose reclutó voluntarios para hacer una evaluación puerta a puerta. La entidad tiene como estrategia integrar a la población como protagonista de las acciones de emergencia.
Los haitianos también se ayudan sin intermediarios. Lo comprobamos en el centro histórico de Jacmel, un hermoso y atractivo patrimonio cuya restauración se antoja titánica. Allí, la joven Geraldine Saintus nos confirma que ella y su familia aún no han visto ni rastro de ayuda; se han quedado sin casa, trabajo y dinero. Pero ella sonríe a la vista de una cazuela que prepara la madre. “¿De dónde sale esto? ¿De qué viven?”, queremos saber. “Nos ayudamos entre todos los vecinos”. Simplemente.