El cine de Hollywood siempre ha tenido, a grandes rasgos, dos nortes a seguir: el compromiso hacia lo que le pasa al ser humano en su entorno o evadir la realidad con la que se enfrentan las personas.
Mucho del séptimo arte producido por Hollywood se ha debatido entre esas dos corrientes: entrar a debatir las dolencias de una sociedad o darle pan y circo al pueblo para que olvide los pesares y que los poderosos hagan de las suyas.
La primera opción, obviamente, no siempre da grandes dividendos financieros, porque desde el crack económico de 1929, la industria más influyente del planeta ha malcriado al espectador con sus finales felices.
El cine comercial hecho en EU se hace más por amor al dinero que por deseos de crear obras de arte que evidencien los vicios de la sociedad norteña, en su condición de imperio luego de su triunfo en la Segunda Guerra Mundial y después de ganarle la Guerra Fría a la anacrónica Unión Soviética.
Al primer grupo pertenece buena parte de la desigual filmografía del director Oliver Stone, y un ejemplo de ello es su más reciente título: Wall Street: Where Money Sleeps.
En materia de documentales, su medio hermano sería Michael Moore con sus demoledores Bowling for Columbine, Fahrenheit 9/11 y Capitalism: A Love Story.
El resto de los cineastas norteños no son tan combativos como Stone.
En ese sentido, las películas de Stone generalmente son incómodas y poco populares en EU, ya que los espectadores prefieren ir al cine a desviar la mirada y a no verse las heridas, y si las ven quieren que se las muestren desde la esperanza, como lo hicieron en el pasado realizadores como Frank Capra y Preston Sturges.
Wall Street 2: Where Money Sleeps es la hermana fea de Wall Street (1987), que hizo Stone en medio de la política restrictiva del presidente Ronald Regan, pero por lo menos desde su guión irregular intenta ser crítica con el sistema financiero que casi lleva a la bancarrota al planeta, en especial a los más desvalidos entre los pobres.
Esta secuela de Stone se esfuerza bastante, pero no logra entrar a la dinastía de películas sobresalientes que han estudiado las crisis económicas y el mundo de los negocios en EU, como las gloriosas Bonnie and Clyde (1967), de Arthur Penn; Las uvas de la ira (1940) a cargo de John Ford; Glengarry Glen Ross (1992), de James Foley y American Psycho (2000), de Mary Harron.

