Cuando la mayoría de los países latinoamericanos se debaten en el esfuerzo por encontrar alternativas de resultados económicos concretos que redunden en beneficio de sus habitantes, los panameños con una geografía rica en biodiversidad y llena de páginas históricas, producto de lo que el Libertador Bolívar identificó como la capital del mundo, durante los últimos cinco años nos hemos dado el lujo de ignorar el modelo de desarrollo económico TCI (Turismo, Conservación e Investigación).
El modelo TCI ponderado en diferentes escenarios mundiales, académicos y científicos ha recibido los más altos elogios y calificaciones porque representa, en la era del conocimiento, la oportunidad de conjugar los factores históricos, ambientales y patrimoniales de una nación y convertirlo en catalizador de la fortaleza, sostenibilidad y prestigio internacional de la economía nacional. La Universidad de Masarik (República Checa) identificó el modelo TCI como la mejor opción en la que la investigación científica se convierte en la plataforma de desarrollo económico que a gritos claman nuestros pueblos.
La presentación del modelo TCI como parte de un plan de desarrollo durante la administración Pérez Balladares, tuvo resonancia mundial por el alcance y la visión de su contenido, por ejemplo el Dr. Richard Nicholson, presidente ejecutivo de la prestigiosa Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, enfatizó la capacidad del modelo TCI de usar la ciencia en el progreso y bienestar humano en una escala que nunca antes el mundo tuvo conocimiento y se refirió al proyecto TCI para Panamá como un logro único e histórico que coloca al mundo en un rumbo ligeramente diferente, la Dra. Hana Ayala, autora del modelo TCI, también se hizo merecedora de una condecoración de la Universidad de Masarick, honor y distinción que naturalmente los panameños debemos festejar porque el laboratorio en donde este experimento tomó vida, creció y se fue a otras latitudes son: nuestros ríos, islas, arrecifes, bosques, ruinas y las diferentes manifestaciones étnicas que conforman la nacionalidad panameña.
Con profunda tristeza y preocupación, los panameños, diariamente podemos apreciar el olímpico desprecio, destrucción y depredación de las fortalezas que representan el cordón de bosques y naturaleza que por muchos años circundó las riberas del Canal de Panamá. Hoy, cuando esa joya del mundo está en manos de los panameños, la falta de visión gubernamental para entender el contenido del TCI ha permitido que grandes extensiones y valiosos legados estén hoy condenados a la destrucción maquillada con proyectos de desarrollo turísticos tradicionales que inicialmente mediante campañas de publicidad deslumbran a la opinión pública con resultados que nunca se concretan y peor aún, destruyen la identidad nacional. Si no se toman acciones heroicas con lo poco que va quedando, ¿cuál será el futuro de Sherman, Howard, Galeta y muchas otras áreas?
El momento es oportuno con la llegada de un nuevo gobierno y la presencia de Rubén Blades en el IPAT, quien en una ocasión nos decía: "necesitamos tu colaboración, únete a los amigos de Ancón"; para retomar la visión del modelo TCI y aprovechar la presencia en Panamá de su autora, la Dra. Hana Ayala y conocer en profundidad los alcances y la visión de los resultados que por cinco años nos hemos negado y que están en espera para romper el histórico atraso turístico y lanzarnos a la conquista de un verdadero modelo de desarrollo económico que conjuga ciencia, naturaleza, patrimonio y cultura.