“¡Las cárceles castristas son hoteles de cinco estrellas!”. Según Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, su sistema carcelario es “el más humano del planeta”. Son tantas las denuncias por torturas y vejámenes, en las cárceles, que sería redundante describirlas.
Ya decía Aristóteles, al que copia Santo Tomás, que el universo, la naturaleza, no es un caos, sino un orden sapientísimo que incluye, por cierto, al ser humano y su sociedad. Precisamente, la moral, dice la escolástica tomista, es la adecuación del hombre a este orden de la naturaleza.
Pero la soberbia instaló al racionalismo, esta extremista idea de que la razón humana puede todo, incluyendo ordenar al universo. Y, entonces, empezó a “crear” leyes que ordenarían a la sociedad y a la moral. Y sucedió que, en la medida en que las leyes inventadas se distanciaban de la realidad, de las leyes de la naturaleza, las personas tenían una fuerte tendencia a no cumplirlas y, entonces, el racionalismo tiene que forzarlas para lo que se atribuye el monopolio de la violencia.
Así, el Estado racionalista criminaliza a la sociedad. Por ejemplo, cuando cobra abusivos impuestos es natural que las personas no quieran pagar. Lo normal es que las personas paguen voluntariamente por aquello que quieren, como cuando van de compras al supermercado. Por otro ejemplo, si una persona viaja al exterior es natural que quiera traer algunas cosas. Pero el Estado racionalista los acusará de evasores y contrabandistas y, utilizando el monopolio de la violencia, los meterá presos.
En plan de criminalizar, el régimen cubano metió presos a Ariel y Guido Sigler Amaya porque “se dieron a la tarea de acopiar libros y folletos”. Por otro caso, Alan Gross, de 60 años, subcontratista de la Usaid, fue detenido el 3 de diciembre por distribuir computadores portátiles, móviles y otros equipos, y el Gobierno cubano lo acusó de espionaje.
Algunos dicen que, proporcionalmente, los presos en Cuba no son tantos. ¡Es que no hace falta! Toda la isla, de donde no es fácil salir, se asemeja a una cárcel. Dicho sea de paso, también el Gobierno de Estados Unidos criminaliza, por caso, quienes naturalmente intentan salir de Cuba “ilegalmente” son apresados y deportados a Cuba como si fueran delincuentes.
Es curioso el caso de Ariel Hidalgo, que cumplió ocho años en prisión por ser marxista. Lo que demuestra que, en rigor, Castro solo utiliza al comunismo como pantalla para tapar lo que realmente es: un durísimo dictador militar que busca su propio provecho.
Cuenta El Nuevo Herald que George B.N. Ayittey, de Ghana, presidente de la Free Africa Foundation, elaboró la lista de los peores dictadores del mundo para la revista Foreing Policy. Trece, de los 23 dictadores, gobiernan países africanos y otros controlan países de Asia Central que formaban parte de la URSS. En la lista, que incluye a los líderes de China, Irán y Myanmar, Hugo Chávez quedó en el puesto número 17 y Raúl Castro en el 21.
“Muchos de los déspotas (...) comenzaron sus carreras como combatientes por la libertad”, escribió Ayittey. Todos los dictadores dicen tener excelentes intenciones y propósitos, pero se olvidaron de que el fin no justifica los medios. No se puede usar la violencia ni criminalizar a las personas, por muy buenas que sean las intenciones, porque así... terminamos todos presos.