Esta vez son torsos, boxeadores, figuras en acción, empalados alusivos a la vida de Vasco Núñez de Balboa... esta es la excusa que el maestro Tabo Toral utilizó para sus recientes obras. Yo trabajo series de 10 a 15 cuadros, primero en papel, hago dibujos en libros que están inéditos. Los acumulo.
Su obra se va sustentando a partir de veladuras, óleos que mezcla con acrílicos y laca industrial de autos para contornear las figuras humanas que cubren las líneas tempranas, que Toral dibujó para fragmentar el lienzo virgen.
Calculadora en mano va trazando diagonales, divisiones que lo guían en sus jornadas de 9:00 a.m. a 1:00 p.m., sobre formatos grandes, aunque diminutos sí imaginamos los murales de nueve pisos que ha realizado sobre edificios en Nueva York.
Este hombre de la línea impone una concepción indigenista referenciada por diseños de cerámica precolombina de Tonosí y Parita, que viajan dentro de sus cuadros hacia diversas coordenadas.
¿Y por qué a Toral no le gusta que le tomen fotos? Como él sabía que tarde o temprano vendría la insinuación, se sonríe y dice: Pregúntale a un niño de San Blas y te va decir que no porque la foto le roba parte de su alma.
