Su taller queda en un piso 31. Es difícil imaginar que un artista pinte a semejante altura y en un orden impecable, como un sitio de lectura, para oír música. Pero así es él, original como su arte.
Si vamos a hablar de un artista panameño que desde hace años se alojó en las conversaciones de los curadores y críticos internacionales, fácilmente llega, sin pensarlo mucho, el maestro Guillermo Trujillo.
Hoy por hoy, su trayectoria, obra y disciplina lo han llevado de una retrospectiva en el Museo Rufino Tamayo, al Círculo de Bellas Artes de Madrid considerado la cima de España, hasta sus exposiciones en el principado de Mónaco.
Sumado a su talento, como Trujillo es tan madrugador, mantiene una dinámica de trabajo que lo ha consagrado en varias técnicas: escultor, pintor y tapicista, sin olvidar que también ha tenido una etapa como ceramista, desde que en los 60 instauró la cátedra de cerámica dentro de la carrera de arquitectura de la Universidad de Panamá.






