[NO PODEMOS PERDERNOS DE VISTA]

Menos ‘Tweet’ y más besos

Todos tenemos una canción por dentro y cada uno es responsable de no perder de vista esa canción. Si se pierde contacto con la canción, se olvida cómo cantarla...

Una tarde, conducía de Washington a Nueva York, cuando un automóvil se acercó muy rápido. Pude ver que la conductora hablaba por un teléfono celular. Estaba a punto de moverme al carril central para quitarme de su camino, cuando de pronto viró bruscamente y se metió en ese carril para rebasarme por la derecha todavía platicando. Siguió cambiándose peligrosamente de un carril a otro, acelerando por la autopista. Unos días después, hablaba con un tipo que conduce a diario entre Nueva York y Nueva Jersey. Coloca su computadora portátil en el asiento delantero para poder ver DVD mientras maneja. “Solo lo hago en el tránsito”, dijo. “No es la gran cosa”.

Más allá de los problemas de seguridad obvios, ¿por qué alguien querría, o necesitaría, hablar por teléfono o ver películas (o enviar textos) mientras conduce? Odio parecer tan del siglo XX, ¿pero qué hay de malo con solo escuchar la radio? Las benditas maravillas de la tecnología nos están aplastando. No las controlamos; ellas nos controlan. Tenemos celulares y blackberry y Kindle y iPad, y enviamos correos electrónicos, mensajes de texto, y platicamos y usamos el Tweeter; solía decirle Twitter hasta que unos chicos de bachillerato me explicaron pacientemente, como si fuera el idiota del pueblo, que el término correcto es Tweeter. Twitter, Tweeter, como sea, suena a trastorno nervioso.

Todo esto es parte de lo que creo es uno de los aspectos más extraños de nuestra cultura: un frenetismo resaltado que parece exigir que estemos haciendo, como mínimo, dos o tres cosas en cada hora que estamos despiertos. ¿Por qué se considera que hacer múltiples cosas a la vez es un talento admirable? ¿Por qué tenemos que revisar el correo electrónico tantas veces al día, o tener las orejas constantemente pegadas a los celulares? Cuando se ve el noticiero por la televisión, a menudo pasan noticias adicionales en la parte inferior de la pantalla, los resultados del mercado de valores parpadean a la derecha, y un anuncio patrocinado del estreno de una película a la izquierda. Esto bloquea partes significativas de la nota principal que estamos viendo. Ya es suficiente de este comportamiento hiperactivo. Necesitamos desacelerarnos y respirar profundamente.

No me opongo a los asombrosos avances tecnológicos de los últimos años; no quiero regresar a las máquinas de escribir, el papel carbón y los clips del archivo de prensa. Solo creo que deberíamos tratar la tecnología como a cualquier otra herramienta. Deberíamos controlarla, doblegándola para nuestros objetivos humanos. Dejemos algunos de estos artefactos y pasemos algo de tiempo solo siendo nosotros mismos.

Uno de los problemas de nuestra sociedad es que tenemos la tendencia a perder de vista lo que es verdaderamente humano en nosotros mismos, y eso incluye nuestras necesidades individuales: esas cosas muy especiales, en su mayoría no materiales, que nos llenarían, que le darían significado a nuestra vida, nos harían grandes y nos permitirían aceptar con mayor facilidad a quienes nos rodean.

Hay un personaje en la obra de teatro de August Wilson, Joe Turner vino y se fue, que dice que todos tienen una canción por dentro, y cada quien es responsable de perder de vista esa canción. Si se pierde contacto con la canción, se olvida cómo cantarla, se está destinado a terminar frustrado e insatisfecho. Como el personaje, al recordar una época en la que no estuvo en contacto con su propia canción: “Algo hacía que mi corazón no estuviera tranquilo y sin problemas”. No creo que podamos seguir en contacto con nuestra canción si constantemente usamos el Twitter o Tweeter, o enviamos mensajes con nuestro blackberry, o acumulando amistades virtuales en Facebook.

Necesitamos reducir los límites de velocidad en nuestra vida; saborear el viaje. Dejar el teléfono celular en casa de cuando en cuando, besar más y dejar de hablar tanto. Escuchar. Otras personas también tienen algo que decir. Y cuando no tienen, ese silencio glorioso que se escucha tendrá más qué decir de lo que se haya imaginado. Ese es el momento en el que se escuchará la canción, cuando las mejores ideas se afianzan y uno se vuelve realmente uno.


Última Hora

  • 05:30 ATP: nueva ley de incentivos turísticos no incluirá créditos fiscales Leer más
  • 05:05 Cancillería registra 24 ciudadanos vinculados a la guerra entre Rusia y Ucrania; nueve están desaparecidos  Leer más
  • 05:03 Condiciones del terreno elevan a $72.4 millones la fase uno del Campus Gorgas Leer más
  • 05:03 Corte desestima demanda contra plan de mantenimiento en Mina Cobre Panamá  Leer más
  • 05:02 Los viajes más maravillosos de mi vida Leer más
  • 05:02 El dilema de Arabia Saudita al intentar mantenerse al margen de la guerra entre Estados Unidos e Irán Leer más
  • 05:02 Aduanas destituye a 265 funcionarios en los últimos dos años Leer más
  • 05:01 Empresas plantean consultas técnicas y financieras durante homologación del teleférico de Panamá y San Miguelito Leer más
  • 05:01 San Miguelito: 56 años de una historia construida por sus comunidades Leer más
  • 05:01 Corredor de las Playas: el proyecto tendrá un viaducto de 800 metros de largo y 30 de altura Leer más