La nueva Comisión Europea presidida por el portugués José Manuel Durao Barroso ya cuenta con sus 27 caras, aunque no todos los integrantes del ejecutivo de Bruselas tengan todavía asignadas sus carteras.
No obstante, haría falta que esos rostros estuvieran acuñados en las monedas de euro para que los casi 500 millones de ciudadanos europeos les conociesen. Ese es, precisamente, uno de los problemas que ha tenido desde siempre la Comisión Europea y, en general, las instituciones de la Unión: el gran desconocimiento de la ciudadanía, que todavía las considera alejadas de sus intereses cotidianos. Consciente de ello, Barroso proclamó poco después de ser reelegido en su cargo, antes del verano, que en su nueva etapa hará que la Comisión Europea se ponga “mucho más cerca de los problemas” de los europeos, entre ellos el desempleo y la crisis económica, que azotan con fuerza al Viejo Continente.
Los hechos demuestran que Barroso quiere volver a despegar con los motores a pleno rendimiento. El ex primer ministro luso ha conformado, con la complacencia de las 27 capitales de los estados miembro, un nuevo ejecutivo más equilibrado en materia de género: cuenta con nueve mujeres, una más que en la Comisión precedente.
Aparte de la “alta representante para la Política Exterior” (y vicepresidenta de la Comisión), la laborista británica Catherine Ashton, el nuevo ejecutivo europeo, que presumiblemente asumirá su tarea a fines de enero próximo, después de que todos sus integrantes se sometan al escrutinio del Parlamento Europeo, la Comisión de Bruselas cuenta con otras ocho féminas en “nómina”. Se trata de la holandesa Neelie Kroes, que de la poderosa cartera de Competencia (donde impuso multas millonarias a varias empresas, entre ellas Microsoft) pasa a la de Telecomunicaciones, o de la luxemburguesa Viviane Reding, otra “superviviente” de la primera Comisión Barroso. Otro de los náufragos rescatados por Barroso es la comisaria saliente de Sanidad, la chipriota Androulla Vassiliou, quien quizás repita en la misma cartera.
Entre las novedades femeninas figura la actual ministra danesa para el Clima, Connie Hedegaard, quien podría asumir una cartera similar (de nueva creación) en la Comisión “Barroso II”. La saliente ministra sueca para la Unión Europea, Cecilia Malmstrom, ha sido nominada por su país para integrar el nuevo equipo de Barroso y se disputa con Hedegaard una cartera relacionada con esa misma temática.
Por otro lado, Maire Geoghegan Quinn será la primera comisaria irlandesa. Algunas quinielas entre bastidores de Bruselas aseguran que podría asumir la responsabilidad de Comercio. La búlgara Rumiana Jeleva, ex ministra de Exteriores de su país, podría sustituir a su compatriota Meglena Kuneva en el área de Protección a los Consumidores. Mientras, la griega Maria Damanaki podría reemplazar a su veterano compatriota Stavros Dimas en Medio Ambiente. De los 27 futuros comisarios, 12 pertenecen a esa familia política (la misma de Barroso), entre ellos el comisario de Transportes, Antonio Tajani.
Le siguen en número los liberales: ocho futuros comisarios visten esa camiseta ideológica. Por último, los socialdemócratas o socialistas, tres en total, entre ellos el español Joaquín Almunia, comisario saliente de Economía y Asuntos Monetarios, que aspira a Competencia, la que más poder e influencia tiene en Bruselas. Pero sea cual sea la responsabilidad que vaya a otorgar Barroso a cada uno, queda claro que el perfil general de este nuevo colegio de comisarios es débil. Tan débil como la elección del ex primer ministro belga Herman Van Rompuy para el puesto de “presidente estable de la UE” o de la laborista británica Ashton como “superministra de Exteriores”. Ambos grandes desconocidos.