[DESCONTROL DE LA VIOLENCIA]

Venezuela, más mortífero que Irak, se pregunta por qué

Venezuela está luchando con una larga década de aumento en homicidios, con cerca de 118 mil 541 desde que el presidente Hugo Chávez llegó al poder en 1999.

CARACAS, Venezuela. –Algunos aquí bromean que podrían estar más seguros si vivieran en Bagdad. Los números lo sustentan.

En Irak, un país con aproximadamente la misma población que Venezuela, hubo 4 mil 644 muertes de civiles de la violencia en 2009, según el Irak Body Count (Irak Conteo de Cuerpos), ese año en Venezuela, el número de asesinatos subió por encima de 16 mil.

Incluso la infame guerra de drogas en México ha cobrado menos vidas.

Los venezolanos han absorbido tales sombrías estadísticas por años. Aquellos con medios han ocultado sus hogares detrás de murallas y contratado a extranjeros expertos en seguridad para que los asesoren sobre cómo evitar secuestros y asesinatos. Y ricos y pobres por igual se han resignado a vivir con una tasa de homicidios que la oposición dice que sigue siendo baja en la lista de prioridades del Gobierno.

Luego, una fotografía en primera plana en un destacado diario independiente –y la reacción del Gobierno– conmocionó al país, y reactivó el debate público sobre el crimen violento.

La foto en el periódico El Nacional es sin duda sangrienta. Muestra una docena de víctimas de homicidio, esparcidas por las morgues más grandes de las ciudades, es tan sólo una muestra de un periodo inusualmente anárquico de dos días en este lugar ya peligroso.

Mientras que muchos venezolanos vieron la imagen como un recordatorio sobrio de su vulnerabilidad y la oportunidad de efectuar el cambio, el Gobierno adoptó una postura diferente. Un tribunal ordenó al periódico dejar de publicar imágenes de violencia, como si eso tranquilizara las preguntas cada vez mayores acerca de por qué el Gobierno –a pesar de proclamar una revolución que anuncia valores socialistas– no ha podido cerrar la brecha peligrosa entre ricos y pobres y hacer más seguras las calles del país.

“Olviden los cientos de niños que mueren por balas perdidas, o los niños que pasan por el horror de ver a sus padres o hermanos mayores morir frente a sus ojos”, dijo Teodoro Petkoff, el editor de otro periódico aquí, burlándose de la decisión del tribunal en un editorial de primera plana. “Su problema es la fotografía”.

Venezuela está luchando con una larga década de aumento en homicidios, con cerca de 118 mil 541 desde que el presidente Hugo Chávez llegó al poder en 1999, según el Observatorio Venezolano de Violencia, un grupo que compila cifras basadas en los archivos policiales. (El Gobierno ha dejado de difundir públicamente sus propias estadísticas de homicidios detallados, pero no ha disputado los números del grupo, y los informes de noticias citando cifras inéditas del Gobierno sugieren que los grupos de derechos humanos pueden estar en realidad subestimando asesinatos).

Ha habido 43 mil 792 homicidios en Venezuela desde 2007, según el Observatorio de la Violencia, en comparación con cerca de 28 mil muertes por la violencia relacionada con las drogas en México desde que inició ese país el asalto a los carteles a finales de 2006.

Caracas sola está casi sin rival entre las grandes ciudades de las Américas por su tasa de homicidios, que actualmente es alrededor de 200 por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con Roberto Briceño–León, sociólogo de la Universidad Central de Venezuela que dirige el Observatorio de la Violencia.

Eso se compara con las recientes medidas de 22.7 por cada 100 mil personas en Bogotá, la capital de Colombia, y 14 por 100 mil en Sao Paulo, la mayor ciudad de Brasil. Como el gobierno de Chávez a menudo señala, el problema de la delincuencia en Venezuela no emergió de la noche a la mañana, y la preocupación por los asesinatos precedió a su ascenso al poder.

Pero los expertos aquí describen como sin precedentes el ascenso de los homicidios en la última década en la historia de Venezuela, el número de homicidios el año pasado fue más de tres veces mayor que cuando Chávez fue elegido en 1998.

Las razones para el aumento son complejas y variadas, según los expertos.

Mientras que muchas economías latinoamericanas están creciendo rápidamente, la de Venezuela ha seguido disminuyendo. La brecha entre ricos y pobres sigue siendo amplia, a pesar de los gastos en programas de lucha contra la pobreza, alimentando el resentimiento. Agregado a esto, el país está inundado en millones de armas de fuego ilegales.

Los salarios de la policía siguen siendo bajos, minando la motivación.

Y en un país con la tasa de inflación más alta del hemisferio, más de 30% al año, algunos funcionarios se han dirigido a incrementar sus ingresos con crímenes como secuestros.

Sin embargo, algunos especialistas dicen que la delincuencia tiene otro factor a considerar: el gobierno de Chávez mismo. El sistema judicial ha crecido cada vez más politizado, perdiendo jueces independientes y alineándose más estrechamente con el movimiento político de Chávez. Muchos empleados estatales con experiencia han tenido que salir del servicio público, o incluso del país. Más del 90% de los asesinatos están sin resolver, sin una sola detención, dijo Briceño–León. Pero los casos contra los críticos de Chávez –incluyendo los jueces, los generales disidentes y ejecutivos de medios– son cada vez más comunes.

Henrique Capriles, gobernador de Miranda, un estado que abarca partes de Caracas, dijo a periodistas la semana pasada que Chávez había agravado el problema de homicidios al recortar el dinero para el estado y los gobiernos municipales liderados por opositores políticos y luego eliminando miles de armas a sus fuerzas de policía después de perder las elecciones regionales.

Pero el Gobierno dice que está tratando de resolver el problema. Recientemente, creó una fuerza de seguridad, la Policía Nacional Bolivariana, y una nueva Universidad Experimental de Seguridad donde los reclutas de la policía reciben entrenamiento de los asesores de Cuba y Nicaragua, dos aliados que históricamente han mantenido las tasas de homicidios entre las más bajas de América Latina.

La prioridad absoluta de la Policía Nacional, dijo Víctor Díaz, un funcionario de alto rango en la fuerza y un administrador en la nueva universidad, es “el respeto irrestricto de los derechos humanos”.

“No estoy diciendo que vamos a ser débiles”, dijo, “pero la idea es utilizar el diálogo y la disuasión como métodos de control verbal cuando se aproximen los problemas”.

Funcionarios de alto rango en el gobierno de Chávez dicen que el despliegue de la Policía Nacional, cuyas filas en números menores a 2 mil 500, ha logrado reducir los homicidios en al menos una zona violenta de Caracas, donde comenzaron a patrullar este año. Sin embargo, los grupos de derechos humanos sugieren que los nuevos esfuerzos policiales han sido demasiado tímidos. Incosec, un grupo de investigación que aquí se centra en cuestiones de seguridad, contó 5 mil 962 homicidios en sólo 10 de los 23 estados de Venezuela durante la primera mitad de este año.

Mientras tanto, el debate sobre la fotografía de la morgue publicada por El Nacional se está intensificando, evolucionando hacia una discusión más amplia sobre los esfuerzos del Gobierno para reprimir a los medios de noticias que no controla.

El Gobierno dice que la fotografía era con la intención de perjudicarle, no la de informar al público.

Las autoridades también amenazan con una investigación sobre Rotten Town, un video de un cantante de reggae venezolano que muestra a un niño inocente abatido por una bala perdida. Para todas las protestas del Gobierno, el video se ha propagado rápidamente a través de internet desde su lanzamiento aquí este mes.

Teniendo en cuenta la postura del Gobierno en estos casos, muchos aquí se preocupan que se esté centrando en el mensajero, y no en el mensaje subyacente. Héctor Olivares, de 47 años, esperó fuera de la morgue temprano una mañana de este mes para recuperar el cuerpo de su hijo, también llamado Héctor, de 21 años. Dijo que su hijo estaba en una fiesta en el barrio de El Cercado, en las afueras de Caracas, cuando un hombre armado abrió fuego.

Olivares dijo que Héctor era el segundo hijo que había perdido en un asesinato sin sentido, después de otro hijo que murió hace cuatro años a la edad de 22. Me dijo que no culpaba a Chávez de los asesinatos, pero le suplicó al Presidente que le diera mayor prioridad a la lucha contra la delincuencia.

“Nosotros lo elegimos para que acabara con los problemas que enfrentamos”, dijo. “Pero no hay control de los criminales en la calle, no hay control de nada”.

(María Eugenia Díaz contribuyó informando).


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