Tras 25 años de silencio, el ex dictador argentino Jorge Rafael Videla ha vuelto a hablar. Lo ha hecho desde el banquillo de los acusados, para reivindicar la represión de la dictadura (1976–1983) y para asumir su responsabilidad sin el más leve remordimiento.
Ha pasado un cuarto de siglo desde que el ex general declarara en 1985 en el juicio a las juntas militares ordenado por el presidente Raúl Alfonsín, pero su discurso sigue siendo el mismo. “Asumo en plenitud mis responsabilidades castrenses en todo lo actuado por el Ejército argentino en esa guerra interna”, declaró Videla el lunes, durante la primera jornada del juicio que se sigue en Córdoba contra él y una treintena de oficiales por delitos de lesa humanidad.
Al hablar de “guerra interna”, el que fuera primer presidente de la dictadura empleó el lenguaje habitual de los represores para justificar aquellos crímenes con la excusa del combate contra el terrorismo.
El propio Videla recordó que esas alegaciones ya las hizo hace 25 años y las ha venido reiterando ante los distintos jueces que instruyen causas por los crímenes de la dictadura. Sin embargo, esta es la segunda vez que el ex general comparece en un juicio oral, un hecho que se repetirá en los próximos meses.
En 1985, junto al resto de jerarcas militares de la dictadura, Videla fue sentenciado a cadena perpetua, pero en 1990 fue indultado por el presidente Carlos Menem. En 1998 regresó a la cárcel, acusado del robo de bebés de detenidas desaparecidas, al considerar la justicia que ese delito no era amnistiable. Tras un mes en prisión, le fue concedido el arresto domiciliario.
Videla permaneció desde entonces recluido preventivamente en su piso de la avenida Cabildo de Buenos Aires, donde debió soportar los gritos de los familiares de las víctimas de la represión, que se manifestaron bajo su ventana. En el año 2008, el arresto domiciliario fue revocado y Videla fue trasladado a una prisión.
El militar, que presidió el mundial de fútbol de Argentina 78, restó el lunes legitimidad al tribunal, al considerar que ya fue juzgado y condenado en 1985. “Siempre reconocí la autoría de las directivas que impartí”, afirmó Videla con buen aspecto físico, facilidad para expresarse y muy seguro de sí mismo. “Esas directivas se ajustaban en un todo a la doctrina vigente”, añadió antes de decir que no volvería a declarar durante el proceso.
A sus 84 años, la reaparición pública de Videla ha evidenciado que su salud mental es normal y que está en buen estado físico para afrontar el resto de juicios que se le viene encima.
Durante estos años, Videla ha guardado silencio. No habló en público, ni ofreció declaraciones a periodistas. Por eso, en la retina de los argentinos ha quedado grabada una rueda de prensa televisiva concedida en 1979, cuando ejercía como presidente, donde habló en estos términos de los desaparecidos. “Mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido”.