TRADICIÓN

‘Yom Kipur’, el Día de la Expiación

Al caer el sol hoy viernes, 17 de septiembre, y hasta la aparición de las primeras estrellas de la noche de mañana sábado, el pueblo judío atraviesa la jornada más sagrada del año. Se trata de Yom Kipur, el día de la expiación en el cual pedimos a Dios que perdone nuestras transgresiones. Claro está que para aspirar a ello, debemos antes obtener el perdón de aquellas personas a quienes hemos lastimado.

Para el judío contemporáneo, Yom Kipur constituye una experiencia única en el fluir del calendario. Los rituales y las tradiciones que enmarcan este día son practicados por la gran mayoría de los judíos, incluso por aquellos que no son tan observantes el resto del año.

De acuerdo a la tradición judía, Yom Kipur es la fecha en la cual Dios emite su veredicto sobre cada criatura. La Mishna, el primer código posterior a la Biblia, nos enseña que en Rosh Hashaná, el año nuevo judío, “pasamos ante Dios como ovejas ante su pastor”. Durante 10 días, tenemos la oportunidad de modificar el “juicio divino”, mediante el “arrepentimiento, la plegaria y la Tzedaká” (acciones de justicia social). El último de esos 10 días es Yom Kipur. En ese día las puertas del cielo se abren de par en par para recibir las sentidas súplicas que salen de nuestros corazones.

Por eso Yom Kipur es una jornada profundamente trascendente. Es tan espiritual que renunciamos a comer y a beber (también las relaciones sexuales están prohibidas) para concentrar todas nuestras energía en el arrepentimiento, el retorno al camino del bien. En este día limitamos al máximo nuestros instintos, nuestra parte animal, para que nuestra faceta más espiritual pueda expresarse cabalmente.

La solemnidad de las plegarias, el clima reverencial que reina en la sinagoga –mezcla de emoción e introspección– y la gente en ayunas rezando con intensidad y fervor constituyen las características más importantes de esta jornada, dotándola de una santidad única.

También, durante este día, en el servicio de recordación, evocamos la memoria de aquellos seres queridos que han muerto. Buscamos en el amor que trasciende la muerte la guía y la orientación para enfrentar los desafíos que nos plantea la vida.

Yom Kipur es un día totalmente diferente, de una dimensión espiritual exclusiva. Sin embargo, para que la experiencia sea verdaderamente significativa su mensaje debe impactar profundamente en nuestro regreso a la rutina. De nada sirven el ayuno, las plegarias y el arrepentimiento si al volver a nuestra cotidianidad no incorporamos aquellas decisiones que tomamos en medio de nuestra búsqueda interior. Aquello que hace de Yom Kipur una ocasión henchida de santidad es su capacidad de transformación. Hacer de nosotros mejores personas. No en las alturas espirituales, sino en la vida de todos los días. Que seamos inscriptos y rubricados en el libro de la vida.


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