DEBATE.

Zapateros del conocimiento

Cuando un zapatero se dedica a sus zapatos es reconocido, tiene prestigio y hace plata. Cuando pretende ser médico, lo más que puede aspirar es a ser curandero.

La especialización es uno de los avances del primer mundo. Así, el conocimiento construido por los especialistas logra actualizar la realidad. Una vez actualizada la realidad, el especialista está en dominio de la verdad y se va haciendo libre y poderoso. Es el poder del conocimiento sobre las cosas reales. El conocimiento de mentiras y fantasmas no da poder sobre ninguna realidad y a menudo, cuando llega el período del discernimiento el sujeto se libera de esos miedos y manipulaciones.

El problema del conocimiento es que siempre se hace en base a concepciones, a percepciones, a postulados-modelos e hipótesis. Incluso las ficciones sirven para el conocimiento analógico de la realidad. Por esas razones y otras más, el conocimiento nunca es totalizador ni comprensivo de toda la realidad. La realidad siempre es más rica que los conocimientos que se construyen y que se van a construir sobre ella. Los conocimientos, volvemos a repetirlo, se logran a través de conceptos, perceptos y fictos que nunca agotan la realidad. Por eso el instrumental cognocitivo humano -el hombre y la mujer íntegramente constituidos- siempre está inquieto y hambriento de conocimientos reales. La realidad trasciende a todo conocimiento y las cosas conocidas nos obligan y dan qué pensar.

La ciencia siempre es relativa como conocimiento verdadero de la realidad, pero la realidad es un absoluto que siempre exige más y más conocimiento. Este descubrimiento de la relatividad del conocimiento científico es un descubrimiento reciente de la segunda mitad del siglo XX. Todavía, hay zapateros del conocimiento que siguen pensando que el conocimiento científico es absoluto como lo pensaba Galileo en el siglo XVII. Gracias al genio de Einstein, entre otros, el pasado siglo descubre que el conocimiento del movimiento es relativo. Ni Ptolomeo afirmaba absolutamente que la Tierra es inmóvil, ni Galileo que el sol era eternamente inmóvil. Tanto la teoría geocéntrica como la heliocéntrica dependen de la ubicación del observador. Nadie está autorizado a decir - hago excepción de los zapateros del conocimiento- que el concepto de Dios no existe porque Dios no se equivoca y la Biblia demuestra las repetidas equivocaciones de Jehová. Esa manera logicista de argumentar se basa únicamente en conceptos y no va a la semántica de la validez del conocimiento.

El mismo Galileo con su retractación, vamos a decir justificada por el miedo a la muerte, fue coherente con su afirmación heliocéntrica "absoluta". Nadie da la vida por una afirmación científica relativa, podemos afirmar hoy en día. La vida sólo se da ante realidades que trascienden al individuo, por ejemplo la patria, la humanidad, la verdad religiosa. El caso de sir Thomas Moore, hoy el santo de los políticos católicos, ilustra un ejemplo de alguien que no se retracta de una verdad religiosa aunque le cueste la vida. -Tomás Moro fue ajusticiado cien años antes del "sobreseimiento" concedido a Galileo- Este aspecto ha sido subrayado, recientemente, por Benedicto XVI cuando se refiere al ser pastor. Cínicamente, el gobernante despótico, es pastor de su pueblo-rebaño que usa, reprime y oprime. También, Ratzinger se siente pastor pero no para hacerse servir de la masa sino para entregarse a cada uno de los humanos necesitado de una vida mejor. La vieja enseñanza del Galileo ajusticiado en Jerusalem, ser pastor no para servirse sino para servir a los demás.

El conocimiento científico es relativo, la realidad es absoluta, incluso la realidad que estudia el científico tiene la característica de ser absoluta entre otras cosas reales.

La realidad no depende de uno, las cosas reales se nos imponen con sus propias características y lo más que se puede hacer es sacarle provecho y examinar la infinidad de posibilidades que se nos ofrecen.

Las propiedades de la realidad no dependen de la posición del observador.

La verdad científica, hoy se prefiere hablar de validez científica, se va conquistando y se va construyendo de generación en generación. El científico tiene que liberarse de todo lo subjetivo para enfrentarse al conocimiento científico de la realidad.

Eso lo sabe el zapatero cuando quiere hacer medicina y lo sabe el curandero cuando sabiéndose ignorante no lo reconoce y se atreve a mentir bajo la presunción de que los tontos le van a seguir pagando.

Frente a la realidad, el humano es libre para conocerla de una manera u otra, pero no es libre para dejarla de aprehender cuando la está aprehendiendo, conociendo o afirmando. El problema filosófico del conocimiento de la realidad y de la realidad del conocimiento no es simple y generalmente un asunto de especialistas. Lo mismo que el conocimiento científico es propio de los que hacen ciencia e investigan constantemente un determinado objeto de la realidad.

La tremenda insuficiencia filosófica del científico es que su especialidad se reduce a un objeto de estudio y cuando se enfrenta al problema del conocimiento (científico, moral, político, jurídico, religioso) lo reduce a sus propias limitaciones. La intención de generalizar desde lo sabido y conocido es muy propio, sobre todo si no se ha logrado superar el nivel del egocentrismo o sociocentrismo de la epistemología genética.

Urge cuestionar y cuestionarse sobre la validez de los propios conocimientos para evitar convertirse en un charlatán o en un zapatero del conocimiento.


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