Al terminar el año 2020, sin duda las consecuencias de la pandemia han sido desastrosas. A pesar de haber tenido tiempo para prepararse, luego de conocer lo ocurrido en Asia y en Europa, la Covid-19 golpeó con fuerza a América Latina, que ya antes de la pandemia presentaba una combinación letal de Estados débiles, sistemas de salud frágiles, baja calidad institucional y altos niveles de desigualdad, informalidad y pobreza.
La caída del crecimiento, el aumento del desempleo y la expansión de la pobreza auguran una situación muy dura. Encaramos el alto riesgo de una nueva década perdida. Pero más que sentarse a esperar de brazos cruzados el 2021, la crisis sistémica es también una oportunidad para repensar nuestro modelo de desarrollo, construir un nuevo contrato social y avanzar hacia una democracia más inclusiva, resiliente y de mejor calidad, un anhelo expresado en las protestas sociales de 2019, y que podrían reeditarse.
Es cierto que no existen atajos. Pero hay esperanza, nuevas capacidades se despiertan. Las vacunas son una señal, la conciencia de cambios inescapables es una fortaleza. No hay otra opción que empujar ambiciosas reformas para mejorar nuestra posición social, económica y democrática.
Hemos revisado documentos y debatido con expertos durante 2020, en un programa impulsado por Idea Internacional y las fundaciones de los presidentes Lagos y Cardoso. Señalamos aquí la esencia de las ideas recogidas, que sirven para orientar la acción el año que ahora se inicia.
Un nuevo contrato social que garantice un sistema de bienestar general. Es clave disponer de un sistema de salud público robusto y al cual puedan acceder todos. Y progresar en la provisión de bienes y servicios públicos universales en educación, pensiones , vivienda, transporte público y espacios verdes en las ciudades. Todo esto proporcionará una mejor calidad de vida, especialmente para los más pobres.
Recuperar el crecimiento y establecer nuevas bases productivas para sustentar el bienestar social. La pandemia demostró que existen muchas capacidades tecnológicas desaprovechadas y que su rápida reconversión permitió incluso salvar vidas. Corresponde expandir la digitalización a las familias vulnerables y pequeñas y medianas empresas, apuntando a una nueva economía sustentable y verde.
Reformar y modernizar el Estado. Durante las crisis, al Estado se le demanda seguridades que el mercado no puede dar. Un nuevo Estado debe conducirse con un criterio solidario y donde una mirada estratégica sirva para potenciar procesos de innovación que sean inclusivos. Un gobierno de calidad requiere de cuadros profesionales, herramientas tecnológicas y procesos transparentes.
Fortalecer la integración regional. Necesitamos acciones multilaterales para fortalecer la cooperación. Existen pocos eventos más globales que la Covid-19, que nos ha probado que los problemas colectivos requieren de respuestas colectivas. Revivir la integración en América Latina se impone como una urgencia práctica y, a la vez, útil para ganar autonomía ante la bipolaridad entre Estados Unidos y China.
Avanzar en una democracia de nueva generación. La gobernabilidad democrática es una condición esencial para la superación de la crisis y la realización de las reformas necesarias en América Latina. Los acuerdos amplios y mayoritarios son indispensables para evitar la polarización política y la consiguiente paralización de la acción pública. Existe el riesgo de caer en un autoritarismo o populismo, ya sea por una demanda de orden a toda costa o la creencia de que existen soluciones fáciles para temas complejos. Se necesitan nuevos mecanismos, diálogos y la participación permanente a todo nivel, que garanticen la inclusión de una ciudadanía empoderada.
¿Habrá aprendizaje de esta crisis? Creemos que sí. El mayor riesgo sería pensar el mundo post pandemia con antiguos paradigmas. ¿Será posible lograrlo? Sin duda. América Latina cuenta con generaciones jóvenes más preparadas y sociedades más empoderadas. Gran parte dependerá de nuevos liderazgos institucionales y personales, capaces de convocar y representar, con autenticidad y empatía las aspiraciones de la mayoría, mostrando caminos de progreso viables. Solo así, la década que comienza se podrá construir colectivamente y convertirla en una década ganada.
Los autores son exministro chileno y director regional de Idea, respectivamente