Historia la hacemos todos. Cualquiera hace su historia personal y, en el momento o lugar indicado, puede causar la historia que nos afecta a los demás. Pero ocurre con frecuencia que no vemos ni comprendemos que estamos haciendo esa historia, ni de porqué hacemos lo que hacemos, hasta mucho después, cuando podemos recordar y analizar las cosas con calma y fuera de las pasiones del momento.
Es para recordar y aprender cuando aparece la historia, la escrita por profesionales, investigada bajo los rigurosos lineamientos del método científico, minuciosa, desapasionada. La que ordena y recuenta los eventos, y los explica. La que desde distintas perspectivas responde la pregunta clave: ¿por qué?
Estas explicaciones hoy son construidas desde la perspectiva de múltiples disciplinas: historia, arqueología, geografía, biología, paleontología, climatología, astrofísica y un largo etcétera. Sus fuentes están en archivos documentales, bibliotecas, la memoria oral, depósitos arqueológicos, geológicos y hasta en el firmamento, donde mirar las estrellas nos remonta al pasado profundo. Suena a cliché, pero a estas alturas si no es multidisciplinar, ya casi no es ciencia.
Este estudio de nuestra historia compartida, cultural y natural, no conoce fronteras ni divisiones culturales o nacionales. Esta historia es universal: cada disciplina aporta sus datos y explicaciones al vasto tejido de la experiencia humana. Esa universalidad nunca ha sido más relevante que ahora, ante los problemas globales que enfrentamos.
¿Qué mejor ejemplo que la pandemia? Al compendiar su crónica, ¿serán los licenciados en epidemiología, virología o historia los únicos idóneos para hacerlo, sin las demás perspectivas? O la crisis climática que estamos viviendo y vivirán nuestros hijos. Miles de especialistas de todo el mundo y todo el espectro científico, cultural y natural, han escrito la historia de esta amenaza, demostrando que es de nuestra creación, mediante una ciencia rigurosa y multidisciplinaria que va desde la antropología hasta la zoología.
Ante estas dificultades compartidas no hay mejor camino que continuar la inversión en educación e investigación científica, sin limitantes burocráticas e innecesarias. Para construir un futuro mejor para todos, para saber hacia dónde andar o hacia dónde no ir, será clave aprovechar las lecciones que tantos profesionales recogen del pasado. Para eso están y para eso invertimos en su preparación. Para que hagan historia.
El autor es arqueólogo, expresidente de la Asociación de Antropología e Historia de Panamá y miembro de Ciencia en Panamá
