[PLAN OBAMA]

Otro abordaje en seguridad

Tras los hechos de esta semana, Estados Unidos lejos de encaminarse a ‘contener’ ni ‘agredir’ a Venezuela, o a neutralizar sus nexos militares con Rusia, tiene objetivos más integrales.

Más allá de la cumbre mundial sobre seguridad nuclear que se celebró el lunes y martes en Washington, la semana que hoy termina tuvo, en materia de defensa, un eje fundamental para Estados Unidos: América Latina y el Caribe.

Los protagonistas directos fueron Brasil, Perú, Colombia y Barbados, sede de una reunión sobre la materia de los demás países del Caribe oriental. Pero las implicaciones se extienden a todo el hemisferio.

El propio martes 12, en el Pentágono, el secretario de Defensa, Robert M. Gates, y su contraparte brasileño, Nelson Jobim, firmaron un acuerdo de cooperación militar de amplio alcance.

Es el primero de esa índole que ambos países suscriben desde 1977. Y aunque fue caracterizado como “aspiracional”, incluye una serie de aspectos de gran importancia estratégica.

Entre sus componentes están la investigación y el desarrollo tecnológico, el apoyo logístico, la adquisición de materiales y servicios para la defensa, el intercambio de información, los entrenamientos y ejercicios conjuntos, las operaciones de mantenimiento de paz, y el fortalecimiento de “capacidades militares” mutuas.

Este último punto será de particular importancia. Según apuntó Gates, “proveerá oportunidades industriales”; es decir, para la venta de equipos y tecnología a los brasileños, algo en lo que, por el momento, Francia ha tomado la delantera, gracias al acuerdo firmado por los presidentes Lula da Silva y Nicolás Sarkozy en diciembre del año pasado.

Al día siguiente del acuerdo con Brasil, Gates emprendió su viaje al sur.

En Lima, primera escala, el tema central fue, en sus propias palabras, la consolidación y expansión de las “robustas” relaciones militares con Perú, mediante “iniciativas bilaterales y multilaterales”.

Gates fue enfático en la importancia de la cooperación regional, y resaltó, en particular, la de Perú con México y Colombia, así como su intercambio de “doctrina y entrenamiento” con este último país.

En Bogotá, siguiente etapa del viaje, alabó la política de “seguridad democrática” del presidente Álvaro Uribe, y su apoyo en estrategias de contrainsurgencia y combate del narcotráfico a otros países, entre los que destacó, precisamente, a México y Perú.

Pero existía un tema más de fondo, vinculado con el acuerdo de seguridad firmado entre ambos países en octubre del pasado año.

En el contexto de sus elogios a Uribe, Gates dijo que “la clave” hacia el futuro “será consolidar los logros y, en particular, nuestra asociación, sobre bases duraderas”, para que perdure tras el cambio de gobierno.

En Bridgetown, Barbados, el Secretario de Defensa se reunió con la mayoría de sus colegas caribeños, en el marco de la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe, un programa impulsado y financiado por Estados Unidos para promover la cooperación entre los países del área. Su eje es combate conjunto del narcotráfico.

Gates elogió, particularmente, los “abordajes innovadores” de los caribeños para promover la seguridad colectiva al amparo de la iniciativa, y la forma en que se han conjuntado “recursos limitados” para enfrentar “riesgos comunes, como el narcotráfico y el crimen organizado”.

Si algo queda en evidencia tras los hechos de esta semana, es que, lejos de encaminarse a “contener” –y menos “agredir”– a Venezuela, o a neutralizar sus nexos militares con Rusia, los objetivos de seguridad de Estados Unidos son más integrales, y se pueden desglosar en cuatro aspectos:

1. El eje: desarrollar el carácter regional de su cooperación, bajo el concepto (acertado), de que el crimen organizado y el narcotráfico también tienen ese carácter.

2. Potenciar los recursos económicos, siempre escasos, para abordar tan complicada tarea.

3. Dar particular énfasis a la coordinación entre Colombia, Perú y México. Aquí, además, entran Centroamérica y Panamá.

4. Incorporar más plenamente a Brasil a ese abordaje conjunto y a sus responsabilidades hemisféricas como potencia media, y abrir las puertas a su mercado bélico.

No es, exactamente, una nueva doctrina, sino un énfasis distinto, más multilateral. Por ello, con más potencial de éxito, pero también de dificultades.


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