Desigualdad

Acceso a tecnología y educación a distancia: cuestión de equidad

La radiografía del acceso a internet y a dispositivos tecnológicos evidencia la clara desigualdad en oportunidades de acceso a educación con herramientas tecnológicas, con la llegada de la Covid-19. Es un reto cerrar la brecha de acceso a la tecnología que separa a quienes tienen acceso y la usan, de quienes, no.

La educación es un derecho inalienable que pertenece a todo ser desde que nace y durante toda la vida. Debemos atender con urgencia la necesidad de equiparación de los estudiantes que no cuentan con acceso a internet o dispositivos tecnológicos. No solo ayudaría a disminuir la deserción escolar, sino que permitiría un desarrollo integral y significativo de la educación en la sociedad panameña. Por esta razón, hoy más que nunca, es necesario hacer efectivo el acceso a la tecnología como un derecho humano considerado por la ONU de segunda generación desde 2011.

Otro reto es la retención universitaria. Tengo una amiga que dejó su formación académica porque llegó a la conclusión que la educación que sus profesores podrían darle de manera virtual, no era la que aspiraba. Prefirió invertir su dinero y su tiempo en cursos online, mientras pasa la pandemia. La pregunta a hacerse es ¿existen más estudiantes como mi amiga? Y, de ser así, ¿qué pasaría si no volviéramos a recibir una educación presencial en varios años? y por último, ¿Qué representa en la vida y en el futuro de un estudiante dejar de recibir instrucción académica formal?

La experiencia de mi amiga ofrece una enseñanza clara: el sistema requiere adecuaciones que involucren transformaciones en las metodologías de enseñanza. Y no sólo hablamos de acceso a recursos tecnológicos, sino de metodologías y estrategias innovadoras y por qué no, divertidas.

Un artículo científico titulado: ¿Desertores o desilusionados?, nos induce a hacernos preguntas. El escrito asegura que el promedio de la deserción en las universidades latinoamericanas se ubica en alrededor del 50%, con variaciones entre países. El impacto de la deserción escolar implica pérdidas económicas millonarias, altas tasas de desempleo juvenil y jóvenes que no alcanzan su potencial. El costo que se paga en lo personal, como consecuencia del abandono de los estudios, se traduce en afectaciones en la salud física y mental.

¿Qué pasa con quienes desertan en primaria o secundaria? Además de la situación económica del hogar, que obliga en algunos casos, a los menores de edad a trabajar, urge que el acceso a la educación a distancia sea universal y de calidad. Es crucial tomar medidas con rapidez para evitar incrementar el índice de deserción. ¿Cómo hacerlo? Afianzando los vínculos entre la escuela y la familia; y ayudando a los padres menos favorecidos a apoyar el proceso de aprendizaje de sus hijos. Debemos dar prioridad a servicios educativos de calidad en la primera infancia y en la educación básica. Enfoquemos los recursos en los estudiantes con mayores necesidades, fijemos objetivos concretos para que haya más equidad en las oportunidades de aprendizaje y hagamos de la pandemia, una oportunidad y no un campo fértil para justificar un desempeño escolar deficiente y cargado de deserciones masivas.

No podemos justificar que debido a que la Covid-19 es un factor disruptivo que ha afectado las vidas de todos, niños, niñas y jóvenes abandonen la escuela. Existen ejemplos tangibles de países que han podido superar la crisis teniendo sistemas escolares robustos que atienden su población escolar. En Panamá, evitar la deserción ha sido una lucha que lleva varias décadas: se trata de un reto con o sin pandemia.

En Jóvenes Unidos por la Educación, creemos que quedarse atrás no es una opción: es el momento de brindar oportunidades para todos. Solo con equidad en el acceso a la tecnología y a la educación a distancia de calidad, con equiparación de oportunidades y políticas públicas coherentes que propicien el alcance equitativo, lograremos superar este reto. Si fracasamos, no será el fracaso del nuestros niños, niñas y adolescentes: será el de una sociedad que no supo aprovechar una crisis y convertirla en una oportunidad. De nosotros, depende. ¡Manos a la obra!

El autor es egresado del LLAC y miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

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