Constituyente

Acción ciudadana renovadora

Inicio diciendo que dificulto que exista un ciudadano a quien yo respete y admire más que al ciudadano doctor Mario Galindo Heurtematte. Somos amigos de infancia, fuimos compañeros de lucha contra la dictadura militar; fuimos compañeros fundadores del desaparecido Partido Acción Popular (Papo); estuvimos, junto con Carlos Rodríguez, en el “Gabinete de Cocina” (ad honorem) de la presidenta Mireya Moscoso, y en un montón de cosas más.

En mi opinion, sólo una afectación de salud muy complicada evitó que Mario Galindo llegara a ser presidente de nuestro país.

Hoy, en la discusión provocada por la convocatoria de unos ciudadanos para firmar una exigencia de la elección para lograr una constituyente paralela, secundada por todos los partidos racionales y uno de independientes en formación, mi admirado amigo Mario salió a opinar en Radar que la constituyente, en estos momentos, sería un error gravísimo, y dio razones muy precisas que comento aquí:

1) “La constituyente – o mejor dicho - la Constitución producto de una asamblea constituyente paralela, no resuelve ninguno de los problemas importantes que afrontamos como país”. En ésto, el doctor Galindo tiene toda la razón: los documentos, aún cuando se trate del fundamental, no resuelven problemas. Los hombres y mujeres en función de gobierno y los ciudadanos activos a tiempo completo son los que pueden y deben resolver los problemas del país. La Constitución no producirá agua en los hogares que no la tienen y no resolverá el debilísimo sistema de salud dominado por una CSS al borde del desastre. La Constitución no resolverá el problema de la corrupción ni el cáncer de la impunidad. La Constitución no resolverá el que la educación sea tan mala que constituye una fábrica de desigualdad. La Constitución - comprobadamente, porque dice que somos un país desmilitarizado y neutral – no evitará la creciente militarización ni le enderezará la columna vertebral a los políticos.

¡No! La Constitución no resolverá ningún problema y los que la presentan como “la solución” están totalmente equivocados. En ésto Galindo , al igual que el doctor Carlos Bolívar Pedreschi, en su reciente folleto están - en mi opinión - en lo correcto.

2) “Paralizará la economía”, dijo Galindo. Yo, por el contrario, opino que nada paralizará la economía, porque ya lo está, con “la solución” en manos de personajes símbolos de la corrupción que solo saben de “cerrar”, y con un líder ausente; nada parecen saber de “abrir”. Dice un dicho que las cosas siempre pueden ser peores, pero si hay un momento para asumir el riesgo económico de una constituyente es precisamente éste, porque ya estamos tocando fondo y los dos próximos años son ideales para tomarnos el riesgo.

3) “No hay razón para pensar que los constituyentes electos sean distintos a los diputados actuales, porque los electores somos los mismos”. Pienso distinto: si presionamos como ciudadanos, el Tribunal Electoral, en su Reglamento de Elecciones Constituyentes, puede determinar que sea un gran número de constituyentes nacionales para permitir –precisamente – a constituyentes como Galindo, Pedreschi, Miguel A. Bernal, Rubén Darío Paredes y otros con conocimientos y el patriotismo necesarios para redactar un modelo de Constitución que represente fielmente a toda la ciudadanía, que sea pragmática a la vez que progresista... y que cumpla con el objetivo primario de toda Constitución, cual es controlar al poder. Y, ¿los maleantes? Están ahora más marcados que nunca. Sin embargo, no hay que olvidar que fuimos capaces de elegir a cinco jóvenes diputados independientes e inexpertos que ahora están dictando cátedra en la Asamblea.

4) Un tema que no tocó mi amigo Mario es el valor histórico que tiene que la ciudadanía sienta su poder, que se empodere. Que se entusiasme con renovar a su República, que se informe y participe en la formación de cada artículo de la que será su Constitución, que no dependerá del presidente ni de los desprestigiados diputados, ni de sus corruptos jueces y magistrados.

Que cada uno de nosotros, entusiasmados, nos empoderemos y ejerzamos el poder ciudadano, fundación de nuestro sistema democrático. ¡Ésto tiene un valor incalculable! Todos podremos contestar la pregunta que nos hacemos a diario frente a la crisis que vivimos: “¿qué podemos hacer? ¿Tres años más de un gobierno que no lidera, sino que acepta y hasta felicita a los cuestionados, que permite una ineptitud generalizada, que no sacrifica nada sino que pide sacrificios a los ya sacrificados, y que no tiene plan económico de shock requerido?

Pues bien, crear un movimiento para desde la ciudadanía apostar a una nueva República es el camino. ¿Riesgos? Sí, pero la única manera de evitar todo riesgo es no hacer nada…y ésa, ¡no es opción!

Esta vez, mi querido y admirado Mario, en busca de lo mismo, iremos por caminos distintos. El mío será buscar que un nuevo reglamento constituyente nos permita votar y lograr constituyentes como tú y otros valiosos ciudadanos.

El autor es fundador del diario La Prensa

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