EL ESCUDO NACIONAL.

Las dos águilas

Recientemente, la Asamblea de Diputados aprobó una ley mediante la cual se modifica el Escudo Nacional para que en lugar de que aparezca el águila que históricamente ha estado anidando en el mismo, sea cambiada por el águila arpía, nuestra ave nacional.

Este tipo de leyes, a mi juicio, denotan la poca apreciación o ignorancia que tienen nuestros diputados de lo que es el costo de la Asamblea y, mucho peor, del costo de sus brillantes iniciativas.

Nuestra Asamblea es un ente que se caracteriza por no deslumbrar al país con grandes iniciativas que demuestren que las esperanzas depositadas en los diputados es resarcida a la ciudadanía con leyes preñadas de imaginación, creatividad e inteligencia. Las leyes de mayor impacto en el devenir de la nación panameña normalmente tienen su génesis en el Ejecutivo, seguida por una sumisa aceptación de los responsables de representar a los votantes, a la ciudadanía.

Muchas de las iniciativas que nutren los anteproyectos de ley son materia, en algunos casos, propios de resoluciones administrativas que no requieren de la movilización de la maquinaria legislativa, pero la corta visión de sus proponentes simplemente las colocan como mediocres intentos de generar una iniciativa legislativa en pos de algún grado de notoriedad política, aunque fatua y desabrida.

Los graves problemas que azotan al país escapan a la posibilidad de que se enfrenten con iniciativas legislativas brillantes. Temas como la explotación de la energía eléctrica, el incremento del consumo de drogas, la institucionalización de la delincuencia y otras tantas cosas que tienen y deben tener un vital impacto en el desarrollo y calidad de vida del pueblo panameño, son desatendidas para enfocar toda la atención de este órgano del Estado y de paso, malgastando el dinero de los contribuyentes, en aprobar leyes, como la mencionada, que en nada contribuyen al beneficio de los panameños. Y es que los costos no solo son los salarios, dietas, viáticos, y demás que se malgastan en producir leyes social y económicamente inocuas, sino en los costos de implementación. ¿Cuánto costará variar los troqueles de acuñamiento de monedas, la impresión y reemplazos de los nuevos escudos y sustituir obras de arte por la nueva aparición ornitológica? Estas son las iniciativas que nos hacen pensar que la existencia de una Asamblea no es necesaria. Ahora bien, ¿qué es el águila arpía? ¿Cuántos legisladores la conocen?, ¿cuántos panameños las han visto volar?, ¿qué valor histórico tiene?, ¿qué simboliza? El águila harpía ( Harpia harpya) no es exclusiva de Panamá. Se le puede encontrar desde el sur de México hasta el norte de Argentina y sur de Brasil. Ahora bien, es un ave rara y considerada el ave de presa más grande del mundo. En Panamá, donde más se le puede encontrar es en Darién, norte de San Blas y se ha informado de algunas esporádicas presencias en la vertiente atlántica y en la cuenca del Canal. Es un ave que nunca ha sido numerosa a pesar de que viva en un hábitat adecuado. No se remonta a grandes alturas, vuela bajo o desde el dosel, se alimenta de pequeños o medianos mamíferos, en especial de monos perezosos.

En resumidas cuentas, no es un ave propia de Panamá, es un ave rara y que, aparte de Panamá, tiene un domicilio geográfico internacional. ¿Qué papel ha jugado en nuestra historia aparte de comerse monos indefensos? Ni siquiera tiene el gusto y la elegancia de volar y remontarse a las alturas para desplegar sus alas como símbolo de dominio y control de la tierra y los aires, como lo hace, sin embargo, el humilde gallote que se remonta a las alturas con un vuelo pausado y elegante, gozando del conocimiento popular generalizado. Es obvio que nos encontramos ante una necedad legislativa, que de paso, lleva un tanto de desconocimiento de la simbología heráldica.

El águila (realmente de especie no identificable) que adorna nuestro escudo se presume que es un águila real, también llamada imperial. Es un ave que ha simbolizado dominio, elegancia, habilidad, fortaleza, destreza e implacabilidad en el ataque. Ha sido utilizada por los sirios, romanos, los nazis, los estadounidenses y aparece en escudos y símbolos de imperios, reyes y caballeros desde épocas remotas, y modernamente en los distintivos y escudos nacionales de diversos Estados. Es un símbolo universal de trayectoria histórica. Su utilización en nuestro escudo no merma ni afecta la nacionalidad panameña, ni hace menos significante a nuestro escudo, por el contrario, resalta la sapiencia de quienes lo idearon y refuerza la imagen soberana del Estado panameño. La presencia de un nuevo águila en nuestro escudo, aparte de los costos que ha significado la aprobación de esta ley más los costos que significará su implementación no es más que un símbolo de la carencia de creatividad que adorna a nuestra clase legislativa. Alterar un simbolismo entendible universalmente para colocar un ave que de paso es mezquina en su presencia por naturaleza, y desconocida para los panameños es como identificar a nuestro país con lo extraño, lo solitario, lo indiscernible.


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