Escribo este artículo en medio de las fiestas de fin de año y el "entra y sale" de las dos semanas que llevo fuera de Panamá en este país tan grande y próspero. Me ha faltado tiempo para leer los diarios panameños porque me he dedicado a disfrutar a fondo la vida familiar con los que el resto del año no estarán conmigo en mi país, chiquito y amigable, en el que me siento como pez en el agua. Este año no cayó nieve para Navidad así que no tuvimos la White Christmas que aparece en las postales navideñas; los árboles, desnudados del follaje por el frío, parecen extender sus ramas como implorando la llegada de la primavera para volver a vestir sus verdes galas; solamente los perennes, como los pinos, y algunos arbustos, ponen la nota de color en el helado paisaje. Tuve el honor de asistir al Author’s Tea (Te de Autores) en el que mi nieto de ocho años deslumbró a la audiencia con un escrito sobre los pingüinos, que ni Shakespeare hubiera escrito mejor; vi la brillante actuación de mi nieta en su equipo de básquetbol, y como clarinetista estrella en el concierto navideño de su escuela (lo de las deslumbrantes y brillantes actuaciones son opiniones propias de mi abuelazón).
Tan ocupada he estado que no me había enterado del fallo de la Corte Suprema de Justicia que volvió a detener la investigación sobre el inexplicable hundimiento a balazos del helicóptero HP-1430, otra de las "bellezas" sucedidas durante el gobierno de Moscoso. Una amiga, que sabe que sigo de cerca el caso del helicóptero, hundido por razones nada creíbles, me dio la noticia que no me sorprendió porque, ¡oiga el helicóptero para poderoso! Este suceso tiene ángulos tan interesantes que bien me servirían para escribir, sin mucho esfuerzo, una novela de ficción en la que podría incluir espionaje, romances, narcotráfico, documentos secretos, tráfico de armas, cuentas cifradas, terroristas, etc. Lo que la haría la mar de interesante es que tendría como personajes principales a políticos de un inquieto país tropical (¿República de Puntala?), policías, buzos rescatando maletines, y moviendo de lugar el helicóptero para hacerlo desaparecer definitivamente, etc. Una novela de primera que John Le Carré, Dan Brown (El Código Da Vinci), o Vargas Llosa difícilmente podrían superar. También supe que al presidente Torrijos la Asamblea de Diputados le otorgó poderes especiales, pero como no he podido enterarme de las razones que los justifican, no puedo opinar, excepto para decir que hasta que abandoné Panamá el 20 de diciembre, no vi en el panorama nacional nada que justificara la necesidad de concesión tan especial. ¿Será que algo impostergable, de gran importancia y gravedad ha sucedido y no me he enterado? A mi regreso, cuando ya haya aparecido este escrito, me enteraré de los detalles que, por el momento, me tienen intrigada. Y mi Cerro Ancón, ¿seguirá en peligro de ser devorado por la máquina de hacer dólares?
Cuando llega la noche y ya no están los nietos retozando ni estoy jugando con ellos barajas, Junior Scrabble, o contándoles los cuentos de miedo que tantos les gustan (la Tulivieja y la Flor del niño muerto, los favoritos) leo el Washington Post y todo lo que me cae a la mano para informarme sobre la situación política y social en Estados Unidos y, déjeme decirle, que si en Panamá llueve, en Estados Unidos no escampa. ¡Madre santa, cuántos escándalos en el gobierno de Bush! Me pregunto si nosotros no deberíamos también quitar visas, repartir calificaciones sobre corrupción y confeccionar listas negras como hace el gobierno norteamericano. ¿Será que marcar pautas y sanciones nada más lo puede hacer un país grande y que lo que funciona es "ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio"? Políticos muy allegados al presidente Bush y miembros del Partido Republicano están bajo la lupa por asuntos realmente turbios; agencias de seguridad del gobierno están siendo cuestionadas por espionajes telefónicos no autorizados, y prominentes cabilderos (lobbyists), están en la picota por actos de corrupción; uno de los más connotados Abramoff, está con el agua al cuello y dispuesto a "cantar" a cambio de un arreglo que le salve un poco el pellejo (práctica que a más de un delincuente ha salvado de la cárcel) aunque tenga "que llevarse en los cachos", entre ellos a Tom De Lay, representante republicano de Texas, separado ex líder de la mayoría de la Cámara; De Lay, a quien llaman "el exterminador", no tiene nada que envidiarle en triquiñuelas a Afú, y no lo digo como piropo. De Lay tendrá que enfrentarse a la justicia mientras que Afú, premiado por sus coterráneos con la reelección, pasea su impunidad como trofeo. La guerra en Irak es una llaga cada vez más grande en el gobierno de Bush. En fin, que así andan las cosas y llegué al final de este escrito con un poco de aquí, y otro poco de allá, y pasando páramos con un teclado sin tilde ni eñe (y qué importante es la dichosa virgulilla para evitar malos entendidos). Con el alza de las tarifas de la electricidad, el próximo escrito lo escribiré en Panamá. A mano y a la luz de una guaricha.
La autora es comunicadora social
