Gasto público

Analogía entre la Gran Recesión y la crisis económica generada por la Covid-19

La Gran Recesión, conocida como la mayor crisis económica mundial del pasado siglo, y la actual crisis derivada del impacto de la Covid-19, llamada también el Gran Cierre, suponen dos momentos distintos pero con agudas consecuencias económicas y sociales similares.

La crisis de inicio de siglo supuso en su momento la reducción del PIB en un 27% en Estados Unidos, mientras que el comercio internacional se contrajo en un 50% al 60% y los niveles de desempleo superaron el 20%. La crisis sistémica derivada del Gran Cierre, según los datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, refleja una caída del PIB en el segundo trimestre del 32% y una caída interanual del 9%; las cifras de desempleo tienen una dimensión histórica, cifras nunca antes vistas desde el período de la II Guerra Mundial, hasta alcanzar cifras superiores a los 9 millones de desempleados para abril de 2020, según el Departamento de Trabajo.

En la Gran Recesión, las medidas para recuperar la confianza en Estados Unidos fueron sacar al país del patrón oro y aprobar una serie de normativas en materia agrícola que permitieron revalorizar el dólar. Estas iniciativas incidieron en la subida de precios y el inicio de la recuperación económica. La revalorización del dinero se tradujo en un incremento del poder adquisitivo y el consumo. En la conocida primavera de 1933, los primeros 100 días del gobierno de Roosevelt, las medidas se orientaron a un reajuste de los precios agrícolas, construcción de infraestructura, reducción de los precios de la electricidad en los estados del sur y orientar las políticas de inserción laboral hacía sectores jóvenes en proyectos de obras públicas. Las sucesivas medidas incorporaron leyes para el establecimiento de un sistema de seguridad social y sistema de pensiones.

En la actual situación de crisis derivada del Gran Cierre, se ha traducido en un fenómeno de falta de demanda con un incremento repentino y acelerado del desempleo, según los datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT); la tasa de desocupación podría subir entre 5 puntos porcentuales, elevando el número de desempleados en la región al récord histórico de 41 millones de personas.

Esta nueva coyuntura plantea retos en el estímulo de la demanda a través de una política fiscal orientada al empleo del déficit público. Es por ello por lo que el gasto público es una de las opciones estratégicas para hacer frente a la crisis económica derivada de la Covid-19. El desempleo, la subutilización de la estructura productiva por los repentinos cierres, genera una cantidad de recursos disponibles y sin uso que se está acumulando, situación que a medida que trascurre el tiempo se traducirá en una mayor profundización de la crisis.

Por tanto, una de las claves para hacer frente a la situación es el gasto del Estado como política económica orientada por principios de racionalidad en el gasto, priorización estratégica de la inversión y apoyo decidido a los sectores más vulnerables de la sociedad. Eso implica no sólo acrecentar la deuda pública, sino incorporar un carácter estratégico de las medidas a adoptar, incrementando la inversión pública en salud, garantizando medidas que permitan una estabilidad financiera a través de la intermediación de las instancias públicas para generar confianza, diseñar mecanismos para garantizar que los sectores de la población que tienen dificultades para acceder al mercado laboral cuenten con subsidios que faciliten el acceso a servicios y dinamizar al mismo tiempo el consumo, medidas acompañadas de una determinación para realizar transferencias directas a las pequeñas y medianas empresas para su reactivación.

En el caso de Panamá, las particularidades de la estructura económica del país, primacía del sector servicios en la estructura productiva (próxima al 80%), requiere también una interpretación particular. Ello implica la necesidad de formas de respuesta rápida en tres líneas estratégicas: la primera, fortaleciendo el sistema sanitario público del país, desde su estructura a los mecanismos de gestión y las impostergables reformas tributarias; en segundo lugar, iniciar un plan de choque que permita acceder a créditos blandos para la pequeña y mediana empresa; en tercer lugar, identificar y focalizar las ayudas en los sectores sociales más desfavorecidos a través de subsidios que garanticen el acceso a bienes y servicios pero que estén condicionados a los esfuerzos realizados por los desempleados en la búsqueda de empleo. Por todo ello, es clave la generación de un clima de confianza, para recuperar la inversión e incentivar el empleo.

El autor es licenciado en ciencias políticas y sociología

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