Indudablemente en lo que respecta a nuestras acciones de salud para enfrentar el Covid 19, lo estamos haciendo muy bien. El liderazgo y determinación de la doctora Rosario Turner, ministra de Salud, ha sido decisivo en la lucha de esta crisis sanitaria. También debemos aplaudir de pie la colaboración científica de los doctores Xavier Sáez Llorens, Julio Sandoval y Lourdes Moreno; el equipo del Gorgas; el doctor Enrique Lau, director de la CSS; el doctor Gerardo Alfaro, de la OPS. Igualmente, todos los héroes anónimos, médicos, enfermeras, trabajadores de la salud y administrativos. Esa labor está siendo elogiada por las organizaciones de salud y los medios de comunicación del mundo .
Panamá siempre ha estado un paso al frente en Latinoamérica en salud pública. Fuimos de los primeros en el mundo en erradicar la poliomielitis. Recuerdo cuando niño las campañas de la Organización Panameña Anti Tuberculosis (OPAT), con marchas diarias que aprovechaban para recoger el apoyo de los ciudadanos en una manta que usaban a mano de alcancía. Igualmente, tuvimos éxito en las acciones contra el sarampión y otras enfermedades infectocontagiosas. Nuestro esquema de vacunación no solo es uno de los más completos del mundo, sino que su cobertura es prácticamente total. Diría que es parte de nuestra cultura, pero que la mayoría desconoce.
Pero esta crisis sanitaria nos debe dejar algunas lecciones por aprender. Por ejemplo, la prioridad que deben tener los presupuestos del sector salud. De ahora en adelante, el Ministerio de Economía y la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional deben respetar los presupuestos solicitados por instituciones como el Instituto Gorgas, el Ministerio de Salud o la Caja del Seguro Social, en temas relacionados con políticas de salud pública. Podrán hacer ajustes en gastos administrativos claramente innecesarios, pero no a los rubros referentes a equipos, insumos, investigación, personal técnico y otros.
Otra lección es el egoísmo politiquero de los gobernantes, al no continuar una obra o políticas de salud, del gobierno anterior. El gobierno pasado cometió esta irresponsabilidad. Primero, deteniendo la construcción de la Ciudad Hospitalaria o de la Salud. Hoy tuviéramos las camas y cuartos de cuidados intensivos necesarios y probablemente no se necesitaría construir el hospital de 100 camas, pudiendo utilizar esos recursos en otros renglones. Su otra irresponsabilidad, no haberle dado continuidad a la política de Atención Primaria de Salud (APS), que hoy sería muy útil para un mejor control de la población, principalmente a los pacientes con enfermedades crónicas. El sistema de APS lo habíamos construido en conjunto con un equipo a nivel central y directores médicos y médicos de cabecera a nivel nacional.Habíamos concluido la parte más compleja relativa a la sectorización a nivel nacional, y la concientización del equipo de salud.
La APS consiste en cambiar la actitud del paciente de ir al médico “cuando se siente mal”, o sea, la atención espontánea, a una atención controlada. Con ello, el médico de cabecera (MC), que es un médico general capacitado y actualizado (ya había más de 100 entrenados), que se responsabiliza por 400 familias, unos 2,000 pacientes, de un área determinada.Se trata de un MC que conoce a cada uno de sus pacientes y el área en que reside, de manera que puede llevar su control.
Si el sistema del MC hubiera continuado donde quedó en 2014, hoy probablemente tendríamos unos mil MC, lo que significaría que tendríamos unos 2 millones de panameños con controles de salud, y a la CSS le hubiera sido mucho más fácil hacer estos controles. Suspender el programa, por razones meramente de cambio de gobierno y pequeñez política, se traduce en consecuencias que acaban pagando las poblaciones más vulnerables, y todos en general.
Finalmente, hay otra importante lección que es preciso aprender. Si bien no se trata de acciones directas en el área de salud, tiene efectos colaterales: 20 años después de haberse creado el Fondo Fiduciario, ahora Fondo de Ahorro de Panamá, no ha sido posible ahorrar al menos 100 millones de dólares por año y hoy ese fondo, con sus inversiones realizadas, sería de más de 4 mil millones de dólares. La corrupción y el poco amor al país es la causa de esta otra irresponsabilidad, que incumbe a los cuatro gobiernos de esas dos décadas.
El autor es odontólogo y fue encargado del sistema del Médico de Cabecera 2009-2014
