Año nuevo

Apocalipsis

Ya queda menos para que este 2020 pase a la Historia, para que esta revelación en forma de pesadilla quede suspendida para siempre y se instale en los anales de la Humanidad, para memoria y escarmiento nuestro. Quizás, este sea el fin de año más largo en mucho tiempo.

Por mucho que se empeñen los optimistas amnésicos y los amantes de cualquier vaso medio lleno, aunque sea de veneno, no nos conviene olvidar este año. Lo que hemos vivido tiene que servirnos, por lo menos, para tener claras tres verdades de siempre.

No somos buenos y nunca lo seremos. La corrupción, la apatía social y abuso institucional han sido más evidentes que nunca: no han respetado ni a los muertos, ni a los enfermos ni a nadie. Se han comportado como siempre. Nos hemos comportado como siempre.

La desigualdad está muy bien instalada en nuestra sociedad. La anunciada “nueva normalidad” no es otra cosa que más desigualdad mejor distribuida, y cuenta con la aprobación silenciosa y obediente de todos. Como cada año, hemos extendido la mano para el jamón y la limosna estatal, que son ya negocio y tradición patria.

Toda idea de democracia ha estado bien sazonada de cinismo político y corrupción estructural desde la dictadura hasta hoy. Todo ha sido un espejismo que los de siempre quieren salvar para que todo siga igual. “La dictadura de los epígonos”, que diría Miguel Antonio Bernal, puro gatopardismo en acción.

Para el 2021, más de lo mismo. Superaremos la pandemia y nos dejarán instalado el miedo para que actuemos como ellos quieren. En el Apocalipsis, al final de todo, los primeros en la lista para ser echados al lago de fuego son los cobardes, antes que cualquier otro pecador. Ahí queda eso.

De todo corazón, desde el optimismo más crítico que se pueda practicar, les deseo un feliz y muy valiente 2021. Va a hacernos mucha falta, el valor, para cambiar lo que se nos viene encima.

El autor es escritor

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