[CUMBRE DE COPENHAGUE]

El ‘asterisco bolivariano’

Chávez y Morales, junto a otros líderes de países en vías de desarrollo, se aliaron para torpedear una cumbre que consideraron teledirigida desde la Casa Blanca y Bruselas.

La clave está en un modesto asterisco, casi imperceptible, pero que con su forma de estrella, impresa en negro, remite al pie de página del acuerdo climático finalmente adoptado este viernes en Copenhague: así se expresa, de manera jurídicamente vinculante, la protesta, entre otros, del presidente venezolano, Hugo Chávez, y de su homólogo boliviano, Evo Morales. Ambos líderes, unidos en la alianza bolivariana (el Alba) –y sus simpatizantes- lograban que el modesto acuerdo de protección climática, no vinculante, forjado contrarreloj por Estados Unidos, China, India, Sudáfrica y la Unión Europea (UE), quedara en papel mojado, en la mínima expresión de un acuerdo logrado con fórceps, y que gran parte de los pobres del planeta rechazan.

Lograban así –con el apoyo de otros países en vías de desarrollo– que el texto, que consideraban producto de la “imposición imperialista” sólo quedara en una especie de “nota informativa”, un papel sobre el cual los casi 190 asistentes a la cumbre mundial del clima de Copenhague sólo “tomaron nota”, sin obligaciones, sin compromisos.

Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Sudán daban un claro “no” a Obama, al que Chávez llegó a calificar de “diablo”: “todavía huele aquí a azufre”, comentó, poco después de que el presidente estadounidense abandonase la capital danesa en su “Air Force One”, el avión Jumbo presidencial. Renunciando a la unanimidad, el plenario de la conferencia climática de la ONU sólo pudo asumir un documento de mínimos, un papelillo sin apenas valor, que deja todos los “deberes climáticos”, entre ellos la fijación de objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para las naciones más prósperas del globo, para –como pronto– 2010. Apenas hay una mención a acometer un esfuerzo común para que la temperatura media del planeta no supere los dos grados Celsius respecto a los niveles preindustriales. Un voluntarismo cargado de inocencia que defrauda todas las expectativas, entre ellas, las de las principales organizaciones ecologistas internacionales, como Greenpeace, que calificó el raquítico texto de Copenhague de “genocidio climático”.

Tras fustigar de manera implacable al capitalismo, que consideraron (entre otros males) “origen del calentamiento global”, Chávez y Morales, junto a otros países en vías de desarrollo, se aliaron en un esfuerzo mancomunado para torpedear una cumbre que consideraron manipulada y teledirigida desde la Casa Blanca y Bruselas. Pero detrás de ese –aparentemente– modesto asterisco se esconde un éxito, al menos parcial, para ambos. Desde que pusieron pie en el recinto Bella Center de Copenhague, donde se celebró, hasta el viernes, la cumbre mundial del clima, no dejaron de acusar a los ricos del planeta de querer “imponer” un acuerdo poco favorable a las naciones pobres.

“Nos informan que hay presidentes adentro (de una de las salas) reunidos, cocinando un documento y no puede haber un documento a último momento (...) No puede haber presidentes de primera y de segunda”, advertía Morales el pasado jueves.

El presidente boliviano defendió durante su intervención en la sesión plenaria de la cumbre que “toda la plata que se destina a las guerras se destine para salvar vidas humanas” a nivel mundial. “Así vamos a creer que venimos aquí a actuar y no solamente a hablar”, explicaba.

Chávez afirmaba que la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba) no firmaría ningún texto que “salga de la nada” y que no se correspondiera con los textos acordados en las negociaciones previas a Copenhague. El presidente venezolano, en perfecta sintonía con Morales, criticó los procedimientos “antidemocráticos y exclusivos”, que –a su juicio– se utilizaron en esta cumbre, de acuerdo con la “dictadura imperialista que rige en el mundo”. Mientras tanto, desde La Habana, el líder revolucionario cubano Fidel Castro tampoco fue ajeno a la cumbre climática, a pesar de la distancia geográfica, y aprovechó para criticar los “métodos fascistas” empleados por las fuerzas de seguridad danesas contra los manifestantes durante la cumbre, al tiempo que acusó a las principales naciones industriales de tratar de imponer un acuerdo.

“Como la televisión transmitió las imágenes, el mundo pudo contemplar los métodos fascistas empleados en Copenhague contra las personas. Jóvenes en su inmensa mayoría, los manifestantes reprimidos se ganaron la solidaridad de los pueblos”, escribió Castro en un artículo de opinión. De la cita de Copenhague, les queda a Chávez y Morales un asterisco: su “asterisco bolivariano”.

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