He seguido con gran interés el proceso seguido al Dr. Calixto Malcom, juez del Primer Tribunal Marítimo de Panamá, dirigido en forma tendenciosa por una firma forense que al verse perjudicada en sus intereses económicos por fallos sustentados en derecho por este juzgado marítimo, ha estado usando indebidamente los medios de comunicación social para enlodar la reputación de un profesional del derecho que se ha abierto espacio en el mundo jurídico del país mediante un trabajo objetivo y veraz en la ciencia de las leyes.
Considero que esa actitud reprochable contra el doctor Calixto Malcom debe cesar. Las acusaciones que se han esgrimido contra él van desde acusaciones de querellas contra la fe pública, abuso de autoridad, alteración de documento público, enriquecimiento ilícito injustificado, demanda civil de daños y perjuicios, y falta a la ética judicial, entre otros. Todas estas acusaciones, repletas de infundios y tergiversaciones amañadas, han recibido incluso el respaldo de los órganos judiciales encargados de administrar recta justicia, y la campaña de difamación y falacia sigue su curso dejando un halo de duda y de malignidad, que es lo que buscan los titiriteros que fraguan toda esa conspiración desde las garras malignas del anonimato.
Es en este sentido que, desde mi trinchera periodística, hago un llamado a las autoridades de la Defensoría del Pueblo, al Colegio Nacional de Abogados, a la Corte Suprema de Justicia y a la Procuraduría de la Administración para que intervengan, de manera que el derecho se imponga y la luz de la verdad ilumine la auténtica justicia.
Valga consignar que ya la Asociación Panameña de Magistrados y Jueces (ASPAMAJ) ha hecho pública su adhesión con la causa del juez marítimo Malcom, fundamentada en que se trata de una persecución fuera de todo contexto jurídico que lo que busca es dañar la reputación del Dr. Calixto Malcom, y lograr que cese en el cargo que ocupa.
El doctor Calixto Malcom ha aportado a la sociedad no solo como profesional del derecho, sino como destacado atleta que dejó en alto el sentido profundo de nuestra nacionalidad en la década del sesenta, al ser parte destacada del equipo de baloncesto que representaba al país en aquella época.
Esta situación por la que atraviesa el Dr. Malcom debe resolverse cuanto antes, pues no es ético, ni de principio jurídico, estar creando bases falsas para levantar un edificio sustentado en arena y en contra de la práctica auténtica del derecho como ciencia social.
De modo, pues, que la vindicta pública espera que esto se resuelva fundamentado en derecho, y no en falacias y argumentos deshonestos.
En esto están involucradas las autoridades que deben poner fin a esta anomalía llena de cálculo y maledicencia.
