Las emotivas palabras del presidente Cortizo el primero de julio si bien llenas de entusiasmo no son suficientes para inspirar ilusión en un plan de recuperación sanitaria y mucho menos económica. Hacen falta acciones inmediatas, concretas y claras posiciones éticas para percibirse un atisbo de confianza ciudadana, de que podría pasar, lo que el presidente dice, que va a pasar.
Para empezar, es muy difícil creer en una recuperación cuando el gobierno, evade meterle la mano al gasto de la planilla estatal. La mayoría de ella, empleos políticos, de poca productividad actual y que consumen gastos de operación por un monto igual y mayor que la propia planilla. Además, la mayoría de ellos, botellas o no, mientras perdure la pandemia siguen en sus casas becados de tiempo completo, viendo Netflix y aupando por “twitter” que la cuarentena continúe para quedase en casa con “full” sueldo. Lo peor no es solo el tamaño de la planilla y su poca efectividad, sino que, como los hongos, crece a la sombra, gracias a la materia orgánica en descomposición que los nutre y protege.
Pero mi propuesta no se trata de reducir de un tajo una planilla ya abultada e ineficiente. Eso es políticamente insostenible y pragmáticamente imposible. Se trata de reducir temporalmente en forma proporcional, quizá hasta 25%, los sueldos y gastos de todos los funcionarios, excepto Salud y Seguridad, con el fin de lograr ahorros que se redireccionarían a sectores prioritarios.
Estos ahorros temporales, irían a ayudas a los más pobres en forma de bonos adecuados y en ayudas a los pequeños emprendedores, micros empresas y pequeños agricultores. Estos “subsidios” a la producción, circularán en la economía, no contraerían el consumo como dirán algunos, pero se pondrían en manos de gente que arranque y mantenga la cadena de producción. Muchos de estos pagos no tienen que ser ayudas directas, pueden traducirse en costearles parte de la tarifa eléctrica o de los costos de alquiler de estos pequeños emprendedores y así se impacta también su nivel de productividad.
Algunos alegarán que ya el gobierno habla de créditos y ayudas. Pero los que estamos cerca de ese tipo de iniciativas sabemos lo que demoran y lo que pueden y no pueden hacer. Ayudas monetarias, inmediatas y directas, son vitales para no perder esos empleos y esos emprendimientos para siempre. La plata es para ya, no dentro de seis meses. Y que ese dinero venga de podar, al menos parcialmente a una burocracia politizada y poco productiva, lo hace doblemente virtuoso.
La reducción 25% de salarios y gastos de la cúpula que gentilmente ofreció en su discurso el presidente, es microscópica, quizá llegue a $ 2 millones al mes. Pero una reducción del orden de 25% de la planilla y los gastos de funcionamiento del gobierno fácilmente sufragan $ 230 millones mensuales de ayudas directas, sin que ningún funcionario público se muera de hambre. Solo para hablar de proporciones, $230 millones en un mes es más que todo el programa de financiamiento de $ 150 millones que se ofreció en el discurso. En tres meses, más que todo el programa de liquidez a las instituciones financieras. Todo esto sin pedir un real prestado.
Si los políticos no están dispuestos a poner su pellejo y el de sus fanáticos y copartidarios en pro de sacar el país del hueco, ¿qué argumento moral pueden dar al país para que otros hagan ese sacrificio? Solo es solidario el que reparte lo suyo.
Además, hay un argumento económico, que me resulta insólito que no se comprenda, o simplemente se ignora. ¿Cuánto puede durar una burocracia sin recursos normales, ya sea impuestos, tasas y derechos, que ya están casi en cero, sin hacer nada práctico y dramático para relanzar el país? ¿O, es que los políticos piensan endeudar el país hasta la última letra de la calificación de riesgo, para mantener el bastión burocrático y la lealtad partidaria?
Esta actitud de “yo primero” es causa importante de la desconfianza popular hacia el gobierno. Pero hay más, mucho más. Sobresale la desconexión de las acciones del Ejecutivo, primero en los temas sanitarios, segundo en una estrategia de apertura. Y qué decir del poco pragmatismo del plan de recuperación. Hablar ahora de una ley de empresas multinacionales y de reforma al plan logístico de Zona Libre, es “polvo de hadas”. Aquí hay que pensar en los próximos tres meses. Después veremos.
Y, por último, lo más importante. Nadie. Ni los de adentro y mucho menos los de afuera pueden tomar como serias las promesas de recuperación que ignoran y esconden la falta de transparencia y los actos de corrupción. Hablarle a la galería en la Asamblea es una cosa, pero a los que creemos en valores fundamentales y en una sociedad que privilegia el esfuerzo y la honradez, el discurso tiene que validarse con hechos que saquen a los mercaderes del templo.
El autor es director de la Fundación Libertad