El avión procedente de Pittsburg acababa de aterrizar en Nueva York, pero él decidió despegar. Echar a volar. No es ninguna apuesta arriesgada afirmar que los pasajeros se enfadaron con el asistente de vuelo azafato en términos populares ,por el retraso que les causó. Sin embargo, ayer más de un opinólogo así como en los comentarios de las redes sociales calificó de héroe a Steven Slater.
Un héroe porque hizo lo que a muchos les gustaría, dar una patada a un trabajo degradante y, en ocasiones, humillante. Hace ya mucho tiempo, sobre todo con la popularización del bajo coste, la masificación y el recorte de gastos, que esta ocupación en las nubes perdió su glamur. Tanto que Steven Slater, de 38 años, se sintió maltratado por un pasajero y tomó la decisión de lanzar su vida por los aires. A pesar de que el que paga manda y de que el cliente siempre tiene la razón, él consideró que existen excepciones. Su caso, sin ir más lejos.
Todo empezó durante el vuelo 1052 de la compañía Jet Blue, con un centenar de personas a bordo. Un pasajero trató de sacar algo de su maleta, depositada en el compartimento superior. Slater le indicó que no podía hacerlo en ese momento. El fardo acabó golpeando en la cabeza del empleado. En las fotografías posteriores se observa la marca del impacto en su frente despejada. El azafato le pidió al pasajero que se disculpara, a lo que este se negó.
Steven Slater esperó a tomar tierra. Entonces agarró el micrófono interior y se arrancó con insultos y palabras -irreproducibles en esta crónica- contra el pasajero maleducado. “Han sido 28 buenos años”, concluyó su perorata (más tarde se confirmó que llevaba dos décadas en el oficio). Antes de que se colocara el finger para conectar la puerta con la terminal, el asistente de vuelo se hizo con unas cervezas y tiró de la rampa de emergencia, esa especie de tobogán. Por ahí se escabulló, mientras el pasaje tuvo que esperar más de media hora a que se arreglara el entuerto.
“A mí me gustaría dejar el trabajo de esta manera”, declaró Phil Catelinet, residente en Brooklyn, al Daily News.
“Parecía muy feliz, como si dijera: simplemente me estoy despidiendo”, añadió este pasajero. La compañía no avisó a los responsables policiales hasta 20 minutos después del incidente. A Slater le dio tiempo de desplazarse hasta su casa de Rockaways, con vistas al océano. Algunas informaciones aseguran que cuando la policía le detuvo tres horas después -puede afrontar cargos de varios años de prisión- estaba en la cama, relajándose con su novio. Le esposaron. Un vecino explicó que Steven Slater sonreía al ser metido en el coche policial.