Recuerdo que la madre de una amiga mantenía en la nevera una jarra con agua de berenjena, creo que para los riñones. Por supuesto, eso creó en mí una berenjefobia automática, hasta que ya de grande alguien atinadamente me dio a comer berenjenas a la parmesana, con lo que se cerró el anterior capítulo y comenzó la actual era del romance entre Ana y la berenjena.
Durante muchos años, los europeos consideraron a la berenjena incomible, venenosa y generalmente asquerosa, pero poco a poco se propagó su consumo, que comenzó con la población morisca de España y con el comercio entre Italia y los pueblos árabes. Sin embargo, la berenjena viene de más lejos: la mención literaria más antigua de ella viene del Ts'I Min Yao Shu, texto chino sobre agricultura del siglo V d.C., aunque otros consideran que viene de la India.
Botánicamente, la Solanum melongena no es un vegetal sino una fruta. Su nombre popular, berenjena, proviene del sánscrito vatin gana, de donde pasó al persa badingen; los árabes lo convirtieron en albadingen, y de ahí al español berenjena y al indio brinjal. La corrupción provenzal, meringeane, produjo el nombre científico de la melongena. Un tercer grupo etimológico, del latín mala insana o manzana loca, produjo el italiano melanzane y el griego melitzane.
Su delicado sabor y textura esponjosa la hacen ideal para muchas preparaciones y cada cultura tiene un platillo particularmente especial de berenjenas: los italianos tienen su melanzane alla parmigiana (berenjenas cortadas en tajadas, apanadas y fritas, e intercaladas con salsa de tomates y queso de grana o, en su defecto, mozarella); los griegos tienen la moussaka, donde se intercalan capas de berenjena, carne molida (generalmente cordero), papas y salsa bechamel; en el levante árabe es popular el baba ghanoush, puré de berenjenas a la plancha, mezclado con pasta de ajonjolí, limón, ajo y perejil que también se conoce como mutabal, los españoles e italianos la preparan en escabeche y los franceses tienen su famoso ratatouille, guiso de berenjenas, tomates, pimentones y cebollas, pero es en el Medio Oriente donde alcanza toda su gloria, ya que sirve como nave para diversos tipos de rellenos.
El más glorioso o por lo menos, pintoresco de estos platillos es sin duda el Imam Bayaldi, que significa, literalmente, el sacerdote se desmayó. Cuentan que el imam se desmayó cuando probó el platillo, de lo rico que era. Otra versión dice que el desmayo lo produjo la cantidad desproporcionada de aceite caro que se gastó la mujer en la berenjena, con su consiguiente ataque de tacañería. Otro proverbio turco arroja una tercera explicación: Imam evinden as, ölü gözünden yas çikmaz (ni sale comida de la casa del imam, ni salen lágrimas de un cadáver). Tal vez, lo que significa es que una vecina le regaló este platillo y el tacaño del imam, al ser agasajado con un plato tan generoso, se desmayó de la felicidad.
Sea como fuere, es digna de publicación, y además, comparto con ustedes otra favorita mía, que en chino se llama berenjena de sabores maravillosos.
