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El bochinche que se hizo realidad

La señora Moscoso señaló que todo era un invento del señor Castro, que no era más que un bochinche; en cualquier caso hoy analizamos un bochinche que se hizo realidad

Hace unas semanas reflexionaba sobre la actuación del gobierno arnulfista encabezado por Mireya Elisa Moscoso Rodríguez y recordaba los dólares congelados, la suntuosa cumbre y los cadillac, la elección de magistrados, y tantas otras cosas que es mejor no detallar para no traer malos recuerdos, pero a la vez me decía que, a pesar de todo, el manejo de las relaciones exteriores que hizo la administración Moscoso no había sido tan malo; tal vez por la curiosidad y simpatía en la comunidad internacional de lidiar con una presidenta las cosas fueron más fáciles para la Cancillería panameña, las relaciones exteriores tuvieron un desempeño aceptable bajo la administración Moscoso, hasta el día 22 de agosto del año en curso en que lo dañó todo por la figura del indulto.

El indulto es simple y llanamente un perdón que confiere el presidente a aquellas personas que han sido sancionadas por la comisión de un delito; en el caso panameño, nuestra Constitución exige la naturaleza política del delito cometido por quien vaya a ser indultado (ver Artículo 179 numeral 12 de la Constitución Política vigente).

Un delito es político si posee como motivación y sus efectos tienden a la conquista y ejercicio del poder público; así podemos entender como delito político la sedición y la revolución, siempre y cuando estén establecidos así en el Código Penal. Por otra parte, un delito es común, por simple que parezca, cuando no es político; así el robo es un delito común, el homicidio es un delito común y también lo son la posesión ilícita de explosivos y la falsificación de documentos públicos.

Los cargos en contra de los cubanos, hoy indultados por la señora Moscoso, no se pueden encuadrar en la concepción de delitos políticos, pues como dijo la señora Moscoso, ellos nunca atentaron contra el presidente Castro –al menos no materialmente, pues no lo lograron–, ellos no fueron condenados por la comisión de actos tendientes a la desestabilización de un gobierno o estructura política, fueron condenados por delitos comunes y como se desprende de la lectura de la Constitución Política vigente, estos no son susceptibles de indulto.

Algunos arguyen que a pesar de que la Constitución solo hace referencia a los delitos políticos, es viable la concesión de indultos por delitos comunes, basándose en que “antes se ha hecho”, sin considerar que un error no deja de ser error aunque se haga varias veces; la Constitución es muy clara en el numeral 12 del Artículo 179 y extiende el alcance del indulto solo a los delitos políticos, lo que excluye los delitos comunes de este beneficio.

Los cubanos indultados por la señora Moscoso, no debieron serlo, y en cualquier caso se debió atender las solicitudes de extradición que había sobre ellos, en lugar de patrocinarles la salida de la forma en que se hizo, pues se podría decir que no solo hubo un interés noble –esto se aborda en el siguiente párrafo–, sino un interés especial en alejarlos de la justicia.

Se han aducido causas humanitarias para dar el indulto de estos señores; sin embargo, si los motivos hubieran sido tan humanitarios como se aduce, no debió haber necesidad de hacerlo a escondidas, a las horas en que se tiende la sombra de la noche, cuando todos duermen, como si se burlaran del pueblo; después de todo, esto no es algo nuevo entre arnulfistas. De hecho, el doctor Arias “madrugó” a su cuñado Florencio Harmodio Arosemena el 2 de enero de 1931, cuando dio el primer golpe de Estado de la era republicana y la señora Moscoso nos “madrugó” el 20 de diciembre de 2002, cuando aprobó la reforma tributaria, y finalmente madrugó al pueblo panameño, a la comunidad internacional y al pueblo cubano que en otros años ha sufrido las acciones de estos señores, con el indulto a quienes ella se comprometió a llevar a la justicia.

Ahí no termina todo, la señora Moscoso enreda aún más la actividad diplomática nacional, al mencionar la idea de una muerte segura para los cubanos indultados por ella en caso de que hubiesen sido enviados a la jurisdicción venezolana. Ni ella ni sus asesores supieron medir las consecuencias de sus palabras, haciendo más grande la controversia e involucrando –sin motivos reales– a un país amigo en un asunto en el que no tenía participación alguna y cuya reacción al agravio proferido no se hizo esperar.

Hoy nadie puede decir que la administración Moscoso mantuvo una actuación diplomática de buen nivel o al menos aceptable, pues a pocos días de terminar su gobierno hizo honor al refrán que advierte que a la puerta del horno se quema el pan.

Desde un principio la señora Moscoso señaló que todo era un invento del señor Castro, que no era más que un bochinche; en cualquier caso hoy analizamos un bochinche que se hizo realidad.


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