De pequeño, en Calidonia, mi mamá y mi abuela decían una frase que creo que a más de uno le sonará: “están alegrando patio”. El contexto de la frase, siempre, era el de discusiones acaloradas en medio de la calle, de balcón a patio limoso o de ventana a ventana, mientras el resto miraba con ganas de que la sangre llegara al río. Y siempre, en las anécdotas de las mujeres de mi vida, “alegrar patio” era una vergüenza.
Dos diputados se rofean en una comisión. Después de “alegrar patio”, dignísimos ellos, salen diciendo que el que se levantó primero, brabucón y chabacano, fue el otro. En las redes, con un programa de edición de imágenes y sonido, solapadas las que grabaron cada uno, resulta que los dos se levantaron a la vez para apambinchar al contrario. Bonito show.
Aquí sobran brabuconas y lenguaraces, machotes musculosos y hembras rofionas, sobran hormonas, de las unas y de los otros, y falta razón y criterio. Esta política corrupta que estamos practicando, amenaza con destruir nuestra democracia. El “bonito show” (otra frase setentera y ochentera, de barrio) que protagonizaron Pineda y Broce (parece el nombre de un dúo tagijódico) aclara lo que ocurre en esa Asamblea cara, turbia y disfuncional: nos están haciendo la doble Kenton (el que quiera entender, entienda).
Cuidado los independientes con dejarse arrastrar por la viejísima política panameña hedionda de tricolor partidista y verde oliva. La política de matón de esquina, de supuesto pueblo y chabacanería, sólo conduce a más miseria, corrupción y desigualdad. Cuídense, los que vienen a cambiar las cosas, de parecerse siquiera en la manera de hablar de los de siempre.
Lo targijódico es que estos tipos saldrán electos otra vez con los votos de los que comen cuento de un mañana mejor pregonado en gorras y camisetas, sabiendo que lo que les espera es la miseria de siempre, a la que se han acostumbrado, en la que están atrapados.
El auto es escritor
