La búsqueda de la tranquilidad en la frontera

La tensión en la frontera entre Panamá y Colombia ha disminuido como efecto de la estricta vigilancia policial en el área

La búsqueda de la tranquilidad en la frontera
La Prensa/Tito Herrera

José Otero jotero@prensa.

A primeras horas del día del pasado sábado, 17 de mayo, un grupo de seis turistas colombianos empezó a subir el empinado camino que va desde la población de Zapzurro, en Colombia, hasta la comunidad panameña de La Miel, localizada al otro lado de la frontera.

Al margen del cansancio por el escabroso ascenso de la colina, que demora unos 20 minutos, los turistas no tuvieron ningún otro problema para llegar de un país a otro. En la cima encontraron agentes policiales de ambas naciones y no tuvieron que presentar ninguna documentación para efectuar su recorrido turístico. Carlos Meléndez, de 45 años de edad, nacido en Cali, manifestó que dos años antes intentó hacer este misma travesía a pie, pero, de forma sorpresiva, de la selva salieron hombres uniformados y armados que se identificaron como paramilitares colombianos, los cuales lo despojaron de todas sus pertenencias y lo golpearon a su esposa y a él. "Salimos con vida por milagro de Dios, pues desconocíamos que este era un territorio dominado por esta gente", afirmó.

No obstante, decidió regresar en esta ocasión porque se había enterado de la presencia militar combinada en esta zona, lo que brindaba seguridad tanto a los turistas como a los habitantes de ambos poblados fronterizos.

"Desde la parte colombiana se sube la loma con la tranquilidad de que a nuestras espaldas el ejército está vigilando y que por la parte de adelante la policía panameña también brinda la seguridad", dijo Marcela Castalleña, otra de las turistas colombianas.

Cuarteles colombianos Esta situación de tranquilidad que existe entre los pobladores de ambas partes de la línea fronteriza se debe al reforzamiento militar implantado en esta zona, que apenas es una décima parte de la extensa y selvática frontera colombo-panameña.

Zapzurro, la población colombiana más cercana a Kuna Yala, está habitada por unas 400 personas y en ese lugar se ha levantado, desde abril de este año, un cuartel policial improvisado localizado en La Casa de la Cultura, donde unas 150 unidades de la policía le brindan vigilancia al caserío.

Al mando de esta brigada está el capitán Livardo Hidalgo España, quien informó que todos los días efectúan recorridos dentro de los límites del poblado y por las montañas, además de la costa, para despejar la presencia de irregulares en los alrededores.

Este grupo, agregó el capitán Hidalgo, también tiene entre sus funciones realizar vigilancia conjunta con la policía panameña.

"En estos momentos solo hacemos vigilancia en el hito central de La Miel, pero no se descarta que podamos hacer patrullaje conjunto con Panamá, siempre y cuando los altos mandos de los dos gobiernos lo aprueben", afirmó.

Zapzurro fue atacado en 1999 por los paramilitares, en momentos en que solo existían cinco agentes policiales cuidando el pueblo. En ese entonces, la permanencia militar colombiana en ese poblado no existía, lo que permitía el paso expedito hacia Panamá de traficantes de droga, armas, indocumentados y de insurgentes para comprar alimentos y hacer de las suyas al otro lado de la frontera.

El otro poblado cercano es Capurganá, donde residen unas 700 personas y mantiene un auge comercial mucho más grande, ya que operan en esta población unos siete hoteles con todas las comodidades, gran cantidad de comercios, restaurantes, una pista de aterrizaje, incluso Panamá ha colocado un consulado en ese lugar.

En este sitio también se ha establecido un puesto militar en el que convergen efectivos de la policía de Urabá y la Brigada Esparta del Ejército colombiano.

El capitán Jesit Ariza, encargado de la policía, señala que el objetivo es brindar seguridad a los turistas colombianos que vienen de otras regiones, así como a los pocos panameños que también llegan al poblado y a los residentes.

En caso de un nuevo ataque a esta población, destaca el capitán Ariza, se mantiene una cadena de comunicación con Zapzurro, Acandí, La Miel y Puerto Obaldía para reforzar la seguridad.

Capurganá también fue atacado por los grupos insurgentes en 1998 y 1999, aunque, según varios pobladores del lugar, el sitio estaba protegido por un pacto no oficial de no agresión, el cual fue roto por los paramilitares.

La base central de vigilancia en este sector por la parte colombiana se encuentra localizada en el Municipio de Acandí. Desde Puerto Obaldía, en Panamá, hasta Acandí, por mar, se demora unas cinco horas entre ida y regreso.

Al frente de este comando se encuentra el mayor Sergio Alexander Contreras, quien destacó que el pie de fuerza colombiano en estas regiones fronterizas se está incrementando para garantizar la seguridad y frenar las acciones de los grupos guerrilleros.

Destacó además el militar colombiano, que se han establecido estrechos mecanismos de coordinación bilateral con la contraparte panameña, para contrarrestar el paso de delincuentes, traficantes e insurgentes desde ambos países.

Sin embargo, aclaró que hasta el momento cada parte opera dentro de sus fronteras, respetando los acuerdos y límites establecidos en los tratados comunes.

Del lado panameño En el territorio de la comarca de Kuna Yala, el Gobierno panameño ha ubicado tres puntos de vigilancia permanente: en la aldea indígena de Armila, en La Miel y en Puerto Obaldía.

Este triángulo de vigilancia se inicia en Armila, donde se ha estructurado un cuartel con ametralladoras, trincheras y personal especializado en operaciones de mar y selva. Desde este sitio se puede divisar gran parte de la costa y además se patrulla a pie, incluso hasta el antiguo poblado de La Bonga, destruido en 1998 por los guerrilleros.

Ese año, una columna guerrillera de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entró y saqueó la aldea y amenazó a sus residentes con regresar si brindaban apoyo a los paramilitares.

El otro punto de vigilancia se encuentra en el pequeño poblado de La Miel, donde actualmente residen unos 70 habitantes de rasgos latinos. De igual forma, en 1999, los guerrilleros colombianos atacaron esta aldea, lo que generó que la gran mayoría de sus habitantes emigrara hacia otros poblados.

En el 2000, la policía colocó una unidad elite en este lugar, pero tuvo que utilizar la escuela como cuartel. Como consecuencia de esta situación, los niños de este lugar deben asistir a la escuela del vecino Zapzurro, en Colombia.

Sin embargo, se está construyendo el cuartel en esta población, el cual, aunque no está terminado totalmente, se ha ordenado ya el traslado de las tropas a este sitio y devolverle acondicionada la escuela a la población civil.

En la colina más alta de La Miel, donde está localizado el hito fronterizo, se levantan tres sitios de observación. En el puesto central, efectivos de Panamá y Colombia mantienen el único sitio de vigilancia combinada existente hasta el momento.

Entre Armila y La Miel, se encuentra la base central del Comando de Vigilancia de Kuna Yala, en la centenaria población de Puerto Obaldía. Este destacamento está a órdenes del comisionado Franco Gómez.

En este sitio existen, por lo menos, una decena de trincheras artilladas rodeando el poblado y los efectivos están dotados con equipo especializado, incluyendo visores infrarrojos para la oscuridad.

En las noches, también se activan en los límites del poblado algunos sistemas de seguridad adicional como "caza bobos", que son luces de bengalas que estallan cuando son pisadas.

En Puerto Obaldía residen unos 100 panameños de raza mestiza, además de unos 450 desplazados colombianos que han llegado tratando de escapar de la violencia del otro lado de la frontera.

Por lo estratégico de este lugar, que cuenta con una pista de aterrizaje para vuelos comerciales y privados para trasladar pasajeros a la ciudad capital, se han incluidos otros sistemas de seguridad.

Los extranjeros que llegan al poblado deben pasar un estricto sistema de fiscalización de Migración, Aduanas, Salud, Sistema Marítimo Nacional y de la Dirección de Información e Investigación Policial (DIIP).

Además, se cuenta con un consulado de Colombia, donde está acreditado como diplomático de ese país Alvaro Márquez.

El comisionado Franco Gómez expresó que, aunque para algunos extranjeros los sistemas de seguridad en este lugar son muy estrictos, los mismos tienen que mantenerse, porque es la única forma de controlar este importante punto que sirve de entrada y salida para ambos países.

Sin embargo, a pesar de este dispositivo de vigilancia implantado en Kuna Yala, la otra parte de esta frontera que limita con Darién y que se extiende por más de 500 kilómetros, deja mucho que desear por los pocos puntos de vigilancia permanentes que se han establecido en ambos lados. Esto ha provocado gran cantidad de incursiones de irregulares, que han dejado un rastro de sangre y dolor del lado panameño. Los más recientes ejemplos fueron los ataques y matanzas de Nazaret, Paya y Púcuru.

Sobre la frontera de Colombia con Darién se publicará un nuevo reportaje.

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