No se trata de un lugar glamoroso, todo lo contrario. Pero a pesar de ello, la deteriorada casona de madera 7-11, ubicada en la Calle W del corregimiento de Calidonia, justo al lado de la iglesia de Don Bosco, es el lugar donde se reparan los más delicados muebles de mimbre, rattán y bambú.
Y es que, a pesar de que el lugar de trabajo de los artesanos de la conocida "Calle del Mimbre" es la acera, a falta de espacio, nadie como ellos en esta ciudad conoce la técnica que un día les transmitiera quien iniciara la tradición hace ya 30 años.
Según contara a La Prensa uno de los dueños de los siete talleres que actualmente existen en el lugar, Anel Villarreal, el oficio lo aprendieron de Juan Miller, "un descendiente de jamaicanos de mal genio y pocas palabras".
A pesar de la dura descripción, Villarreal asegura que Miller fue muy generoso al transmitir sus conocimientos a muchos de los chicos que vivían en el lugar y que, gracias a eso, pudieron ganarse la vida dignamente.
Desde entonces, son muchos los panameños que, como el caso de Anel Villarreal, han aprendido el oficio y se han ganado la vida reparando muebles de bambú y mimbre.
Nicolás Chamis, por ejemplo, es un joven darienita de 17 años. "Llegué a la ciudad a buscar trabajo y al pasar por aquí pregunté si necesitaban algún ayudante y me quedé", contaba con satisfacción quien se gana ahora la vida después de haber aprendido de su maestro Villarreal todos los secretos del oficio.
"Chamis ya hace de todo: raspar, lijar, tejer, reforzar, barnizar, cambiar piezas, pintar", contaba con orgullo Villarreal.
A pesar del éxito con Chamis y otros jóvenes, Villarreal se queja de que las nuevas generaciones de chicos no quieren aprender nada.
Lo cierto es que los artesanos de la Calle del Mimbre se han diversificado. Además de especializarse en los típicos y delicados muebles tropicales de mimbre, bambú y rattán, trabajan la madera y el cuero.
Cada uno de los siete talleres existentes cuenta con el propietario y conocedor de la técnica y unos dos o tres ayudantes.
Y aunque como en todo negocio hay tiempos buenos y tiempos malos, nunca falta el trabajo. "El negocio es especialmente bueno en diciembre, porque la gente suele reparar sus muebles, pero siempre hay trabajo", aseguró Villarreal.
El artesano ya no vive en la casona 7-11. "Las ganancias me permitieron buscar un mejor lugar para llevar a vivir a la familia", contaba con lógica satisfacción. Y, al parecer, no es el único caso. Todos los cuartos que una vez sirvieron como habitación y lugar de trabajo, hoy solo se usan como taller.
Además, la gente que vive en la vieja casona se beneficia también con la actividad. "Ponemos a trabajar a los chicos, a hacer mandados y a ganarse su platita", contaba Villarreal.
Por eso mismo, y a pesar de que el lugar pudiera parecer peligroso, Villarreal asegura que no lo es. "Primero nos matan a nosotros antes de que le pase algo a cualquiera de nuestros clientes", aseguró.
Una cosa le preocupa al siempre sonriente artesano. "Mucha gente no sabe que sus muebles de mimbre se pueden reparar y los botan. A veces incluso se trata de piezas únicas y de gran calidad", aseguró. Por ello, le pide a los panameños y a todo aquel que ande por estos rumbos y no sepa qué hacer con sus muebles deteriorados que no lo dude, la Calle del Mimbre es el lugar.
