Difícil de entender, pero recuerdo claramente, en la época de los años 70, cuando gobernaba Omar Torrijos Herrera, no se cómo, pero si era una realidad que a los niños de escuelas primarias públicas, se les entregaba un cuaderno de 200 páginas, y la taza de avena en los comedores de las escuela siempre estaba presente.
Se hace necesario resaltar, que la administración del Canal de Panamá desde hace veinte años pasó a manos panameñas, sin embargo el aporte al desarrollo de la educación prácticamente no se percibe.
En efecto, la mala utilización de las nuevas tecnologías, el pésimo sistema de justicia, la corrupción abundante, considero que son aspectos que motivan a que los estudiantes no se comprometan a estudiar o graduarse de un bachillerato. En los últimos diez años el porcentaje de jóvenes que deben rehabilitar materias y que pierden el año escolar cada vez es mayor.
Además, es una realidad que en estos tiempos ambos padres deben laborar para poder cubrir los gastos de hogar. Razón por la cual la jornada académica debería ser más extensa y lograr que los estudiantes desarrollen todas las tareas en el aula.
Por eso, el problema es complejo, por una parte la tecnología mal utilizada, más bien pareciera un agente distractor, la desmotivación de los estudiantes, la brecha entre los docentes y la tecnología, las pocas personas que se gradúan de las llamadas ciencias duras o materias científicas, química, física, biología y matemáticas.
Asimismo, muchas veces se tiene la equivocada idea de que los trabajadores no se desempeñan bien por su bajo salario, pero tanto a los profesores o policías en las tres últimas administraciones han logrado ajustes salariales, tal vez justificados y ganados por medio de conquistas laborales. Sin embargo el producto final que es el estudiante que se gradúa de bachiller, emigra de la educación media con muchas deficiencias.
Al respecto, hablando de épocas, en los años 70, 80 y 90 los estudiantes graduandos de colegios públicos lograban tener grandes oportunidades de ingresar y de graduarse en carreras científicas, específicamente Medicina.
De este modo, la encrucijada se hace más complicada, se invierte en procesos de evaluación prácticamente impuestos por organismos internacionales, sin embargo, los resultados son los mismos nuestros estudiantes de tercer y quinto grado en su gran mayoría tienen grandes problemas para leer y escribir, la pregunta sería que hace MEDUCA una vez tiene estos resultados que cambio de estrategia se pone en práctica.
Dentro de este marco, pareciera que hay un nudo imposible de desatar, porque por otro lado mientras en una época podíamos utilizar un mismo texto por diez años y pasaba de generación en generación, desde hace unos diez años la situación cambia, ahora se utiliza un texto por año, con una excusa de que son textos de trabajo, los colegios particulares comercializan la educación a tal punto que venden desde las medias, la camisa, el pantalón, la falda y en algunos colegios le venden sacos, acaso un estudiante de primaria o de secundaria necesita utilizar un saco para poder estudiar.
Al comparar las evidencias, no se dice, no se acepta, pero en Panamá hay un Ministerio de Educación, pero dos tipos de educación y formación académica, la que se imparte en los colegios oficiales y la vendida por los colegios particulares. Cómo se puede entender que el programa de cada asignatura sea el mismo, sin embargo los docentes de colegios particulares si terminan la planificación y en los colegios oficiales no se logra terminar, o lo que es peor en su mayoría no tienen los laboratorios para poder enseñar la parte práctica y científica de cada asignatura.
Aunado a esta situación, el joven que se gradúa piensa que tiene las competencias suficientes para ingresar a carreras como Medicina y Odontología, sin embargo, la realidad es otra. Mientras los colegios particulares preparan a sus estudiantes para que puedan pasar los exámenes de admisión universitaria, en la otra cara de la moneda percibimos un alto índice de fracasos.
Debido a esto, la pregunta sería ¿quién supervisa?, o será que también hay un grado de complicidad del otro actor en este caso el docente, que en muchas ocasiones sabe que prácticamente es intocable, todo lo contrario en el sistema de la educación particular, donde a pesar que cobra menos que aquellos que son nombrados por el MEDUCA, las exigencias para desarrollar la docencia son diferentes.
El autor es director de Admisión y Orientación Psicológica